¿Los cristianos deben de sufrir?


En estos tiempos en extremo complicados muchos creyentes se han desilusionado de los mensajes que se han dado desde los púlpitos de sus iglesias asegurando que al cristiano en todo le va bien, que el Señor no permitirá que su pueblo sufra, que la enfermedad, el sufrimiento, los problemas económicos no son el propósito de Dios para los cristianos; pero al ver la realidad viene la decepción.

Genuinos hermanos con problemas diversos: enfermedad, desempleo, serios problemas económicos, e incluso muertes… ¿Quién mintió?, ¿quién dijo tal mentira en relación a la prosperidad segura de los cristianos? ¿Fue Dios o fueron los hombres?

Claro que la respuesta correcta es “los hombres”. Dios no miente pero los hombres que se despegan de la realidad bíblica sí lo hacen.

Jesús siempre fue honesto, Él es Dios y nunca alteró la voluntad del Padre, fue el único ser que habló con completa verdad. Hay un pasaje muy significativo en el Nuevo Testamento que habla de la realidad del sufrimiento en la vida cristiana.

Mateo 16:21-23 Reina-Valera 1960:

21 “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.

22 Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.

23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.”

En el evangelio de Mateo es la primera vez que el Señor revela el hecho de que le era necesario (su obligación) morir en manos del sistema religioso de Israel y resucitar al tercer día. No es la primera vez que les anuncia su muerte (lo hace en Mateo 12:38-39, refiriéndose a su muerte y resurrección).

Era la obligación del Señor, Él sabía el propósito del Padre: que a través del sufrimiento de Jesús en la cruz muchos que creyeran en Él serían beneficiados con la más grande bendición, la vida eterna.

Pero Pedro no tenía el pensamiento de Dios, para él era una locura lo que el Señor estaba diciendo: “¿cómo dices que vas a morir si minutos antes afirmaste que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente? Tú eres Dios, tú tienes una relación única con el Padre, ¡no es posible que mueras!”

Y es aquí donde vemos esos polos opuestos: el Señor ve como necesario el hecho de padecer para traer un beneficio a través del sufrimiento. Él es Dios y este es su pensamiento: ¡me es indispensable sufrir para traer un gran beneficio, tengo que morir para después vivir!

Todos sabemos que el hecho que hace que el cristianismo sea la verdadera religión es la resurrección de Cristo. Si Cristo no hubiera resucitado, vana es nuestra fe (1 Corintios 15:14). La muerte de Jesús en la cruz y su padecimiento trajo la victoria sobre el pecado y al resucitar al tercer día fue la evidencia más grande de su victoria sobre el pecado y sobre su más grande consecuencia: la muerte.

«El pensamiento del hombre en relación con el pensamiento de Dios son polos opuestos: el Señor ve como necesario el hecho de padecer para traer un beneficio a través del sufrimiento mientras que para los hombres ese pensamiento es una locura.«

El sufrimiento de Jesús trajo triunfo a todo hombre y mujer creyente sobre el pecado, el perdón de todos ellos y por consiguiente la garantía de la vida eterna… Ve entonces que el sufrimiento trajo la más grande bendición que un ser humano puede disfrutar: perdón de pecados y vida eterna para el que cree.

Pero Pedro aun no entendía esto, la claridad de quién era el que estaba frente a él no era total, a pesar de que su confesión de la realidad de Cristo fue inspirada por Dios (Mateo 16:16-17), aún no entendía el propósito de Jesús, él creía que Jesús vendría a reinar, a gobernar, pero Jesús venía a sufrir, a salvar, a traer beneficios espirituales a los creyentes.

Pedro aún tenía el pensamiento de los hombres y no el de Dios, creía que el sufrimiento era una locura, que no estaba en el plan de Dios pero se equivocó con ese pensamiento carnal, Jesús lo reprende, lo llama Satanás pues su boca habló en contrasentido al propósito de  Dios, sus palabras eran opositoras de la voluntad del Padre (Mateo 16:23). Pedro creía que el sufrimiento no estaba en el plan de Dios y su error fue más allá de lo humano, fue diabólico.

Recuerdo que cuando prediqué esta tremenda realidad en la congregación vi a varios hermanos en conflicto con lo que estaba exponiendo, tuvieron el mismo pensamiento que Pedro y de todo ser humano: “Dios no quiere que suframos”. Hoy en día hay muchos cristianos así, en conflicto, pero ¿cómo podemos sobrepasar tal pensamiento que es más que evidente que no le agrada a Dios? La respuesta la podemos ver en el mismo Pedro, a través de una mayor revelación del ministerio del Señor Jesús, Pedro entendió que era necesario el sufrimiento de Cristo para traer salvación, para llevarnos a Dios Padre y tener comunión con Él:

1 Pedro 3:18 Reina-Valera 1960:

18 «Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;”

Así como Pedro, el creyente necesita mayor revelación del ministerio de Cristo para entender el porqué del sufrimiento, esto se dará por medio del estudio diligente de la Palabra de Dios. Normalmente los cristianos que no entienden el propósito del sufrimiento en sus vidas es por que no estudian la Palabra. Observa lo que dice Pedro:

2 Pedro 1:3-5 Reina-Valera 1960:

3 “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia,

4 por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;

5 vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento;”

Pedro entendió el pensamiento de Dios y que el sufrimiento en la concepción cristiana era vital. Incluso en una de sus epístolas compartió que como creyentes, al vivir la vida que Cristo por gracia nos ha dado, sería necesario –si así fuese la voluntad de Dios– sufrir por Su causa:

1 Pedro 3:16-17 Reina-Valera 1960:

16 “teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo.

17 Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.«

Si Cristo padeció para librarnos del pecado, es necesario que los creyentes suframos haciendo el bien en medio de un mundo caído llevando el Evangelio, esa es nuestra comisión, la gran comisión siempre implica sufrir.

A través del sufrimiento Dios perfecciona a los suyos, recordemos que el sufrimiento es la consecuencia del pecado en la tierra; Dios no generó esto (Santiago 2:13) mas en su infinito poder toma el sufrimiento para su propósito santo de perfeccionar a los que lo aman:

Romanos 8:28-29 Reina-Valera 1960:

28 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.”

Todo las cosas (buenas o “malas”) operan a bien para los que aman a Dios, este es el propósito del Padre: a través del sufrimiento cumplir su propósito de restituir la imagen de su Hijo en nosotros. Cuando sufrimos por voluntad de Dios es cuando más nos parecemos al Hijo de Dios, Jesucristo.

Predicar o enseñar que el sufrimiento no es parte de la vida cristiana es antibíblico y es forjar en el creyente la falta de entendimiento del porqué un cristiano sufre. Recordemos que el sufrimiento en las pruebas de la vida produce en nosotros crecimiento espiritual, es capacitar al creyente para ser un todoterreno. Observa para terminar lo que dice la Palabra de Dios en Santiago, con algunas anotaciones que hago:

Santiago 1:2-5 Reina-Valera 1960:
2 Hermanos míos, tened por sumo gozo (el gozo más pleno, el gozo espiritual, el gozo del Fruto del Espíritu) cuando os halléis en diversas pruebas (pruebas de todo tipo: de salud, legal, familiar, matrimonial, económico, laboral, etc.),
3 sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia (un aspecto del Fruto del Espíritu Santo: paciencia para soportar la carga de la prueba pues tienen un propósito en Dios).
4 Mas tenga la paciencia su obra completa (Dios es el que decide el tiempo de la prueba), para que seáis perfectos y cabales (madurez espiritual, el propósito de las pruebas), sin que os falte cosa alguna (completos en Cristo).
5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría (el porqué de las pruebas), pídala a Dios (ore), el cual da a todos abundantemente y sin reproche (sin regaño), y le será dada (Dios da sabiduría para entender su propósito, que Él no destruye al creyente con el sufrimiento sino que lo hace madurar).

El cristiano que piensa que el sufrimiento en su vida no está dentro del propósito de Dios tiene el pensamiento de Pedro, que puso en su momento los ojos en las cosas de los hombres y no en las cosas del Padre.

Es fácil cuestionarnos dónde está Dios durante los días malos, o por qué si hemos decidido seguirle nos suceden cosas que a nuestros ojos pueden parecer malas. La respuesta a cualquiera de estas preguntas es una sola: Dios es soberano, Él no te ha abandonado sino te está haciendo madurar.

Es necesario el sufrimiento en nuestra vida pues a través de él Dios nos hace madurar espiritualmente, esto es para que cada día seas más parecido a Jesús, llevando el Evangelio aunque, si es la voluntad de Dios, padezcamos. Este es el propósito de todo cristiano en el mundo.  

· Escucha la predicación «La Voluntad de Dios incomprensible: La cruz».

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