Oración matutina de confianza en Dios
Salmo de David, cuando huía de delante de Absalón su hijo.
1 ¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios!
Muchos son los que se levantan contra mí.
2 Muchos son los que dicen de mí:
No hay para él salvación en Dios.
3 Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí;
Mi gloria, y el que levanta mi cabeza.
4 Con mi voz clamé a Jehová,
Y él me respondió desde su monte santo.
5 Yo me acosté y dormí,
Y desperté, porque Jehová me sustentaba.
6 No temeré a diez millares de gente,
Que pusieren sitio contra mí.
7 Levántate, Jehová; sálvame, Dios mío;
Porque tú heriste a todos mis enemigos en la mejilla;
Los dientes de los perversos quebrantaste.
8 La salvación es de Jehová;
Sobre tu pueblo sea tu bendición.Salmo 3
La oración comienza llevando nuestra angustia a Dios
David, en el Salmo 3, comienza a orar preocupado, con angustia en el corazón: “¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios!”.
La prueba que David atravesaba era difícil. La pericopa de este pasaje dice que es una “oración matutina de confianza en Dios”, y es el salmo de David cuando huía delante de Absalón, su hijo. La prueba era fuerte, un hijo persiguiendo a su padre, queriéndolo matar para ascender al trono.
La oración a Dios no consiste en fingir que todo está bien. Eres cristiano y un día el Señor te va a probar; todo el conocimiento que estás recibiendo en las clases o en la predicación, toda esa enseñanza, un día el Señor a través de la prueba hará que no solo sea conocimiento, sino que lo vivas, que se vuelva carne en ti.
Para eso son las pruebas, como dice Santiago, ¿qué producen? Paciencia. Entonces, ¿la prueba debería producir afán? No, pero nosotros en la carne nos afanamos, y eso está ligado al corazón del hombre…
Nota esto: Dios no quiere que nos estemos preocupando, quiere que dispongamos de tiempo para orar. No para preocuparnos en “cómo le voy a hacer, y ahora qué hago, y si hago así”… No. La oración al Señor debe ser de una rendición sincera: “¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios!”, cuánto se han multiplicado mis problemas.
David exactamente está diciendo lo que pasa. Está siendo perseguido, y además sus enemigos no solo lo atacan físicamente, también cuestionan su relación con Dios: “Muchos son los que dicen de mí: No hay para él salvación en Dios”.
Aquí debes tener discernimiento. Si esto es un ataque de fuera, la gente no tiene la autoridad espiritual de decir en qué lado estás departe de Cristo. El ataque común es opinar y decir “tú no eres cristiano”, “eres un hipócrita”, pero esas voces no tienen autoridad; así como el pastor nos ha enseñado, que Esaú no tenía ninguna autoridad para decirle a Jacob que era un usurpador (Génesis 27:36). Esaú era un varón que estaba totalmente fuera del orden de Cristo, del Señor.
Las opiniones que pesan son las de las personas que con la Palabra de Dios en mano se te acercan y te dicen “Bíblicamente, no estás guardando tal mandamiento”, entonces ten por seguro que esa voz tiene autoridad y está respaldada por Dios, pero alguien que le ha dado la espalda al Señor no puede decirte quién eres. Y eso es lo que David está entendiendo.
Muchos son los que se levantan contra mí.
Muchos son los que dicen de mí:
No hay para él salvación en Dios.
No te cuestiones tu cristianismo. Es importante el testimonio, pero si tú estás dando testimonio y esas personas solo lo dicen por decir, recuerda cómo los escribas y fariseos le decían a Cristo que era un comedor y bebedor. Ellos no tenían pureza doctrinal.
¿Cuál es la enseñanza? Podemos llevar delante de Dios nuestros temores, problemas y hasta las palabras que nos han dicho, pero lo que te debe importar es lo que el Señor cree de ti y ve de ti, porque Él nos observa todo el tiempo.
Ahora, si ya hiciste un examen y dices “He andado rectamente”, pide sinceramente a Dios: “Señor, ayúdame, no me preocupa lo que digan los demás, pero sí estoy preocupado de saber mi condición delante de ti”, y trae todos esos problemas a Él.
La oración nos recuerda quién es Dios
En los versículos 3 y 4, David cambia su perspectiva, rinde su emoción. Seguro estaba preocupado, llorando, pero cambia su perspectiva. Hay un Dios que lo está guiando:
Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí;
Mi gloria, y el que levanta mi cabeza.
“Cuando estoy tirado y humillado, el que me ve, me guía y me levanta eres Tú”. Cambia la emoción, David ya no está centrado en él, sino está viendo al Señor obrando.
Aquí encontramos una verdad preciosa: la oración no solamente cambia nuestra situación, primero cambia nuestra perspectiva acerca de Dios. Él no nos está ignorando. Por eso no debemos afanarnos sino centrarnos en pedir, porque a través de la petición el Señor nos va a centrar a admirar quién es Él, y cambiar nuestra perspectiva.
David contempla a Dios como un escudo –Dios protege, Dios provee–. Lo contempla como su gloria –Dios es el que da verdadera dignidad y esperanza–, es el que levanta su cabeza –porque Dios restaura al abatido–.
Con mi voz clamé a Jehová,
Y él me respondió desde su monte santo.
¿Por qué dice “Con mi voz”? Porque lo tienes que hacer tú, lo tienes que pedir tú. El primero que debe estar orando por tus necesidades eres tú, el primero que debe ser transformado en la oración debes de ser tú. Tu voz. “Con mi voz clamé”. ¿Y qué pasó? ¿No me oyó y estaban lejos sus oídos? No: “Y él me respondió desde su monte santo”.
La oración produce confianza
“Padre Nuestro que estás en los cielos”, escucha a pesar de la distancia, a pesar de que no pertenecemos en este momento literalmente a su reino, tenemos pertenencia con Él por su Santo Hijo hoy. Porque podemos pedir en el nombre de Cristo. Porque no es exigencia, porque no es decreto, sino un clamor al Señor.
Nuestra oración debe estar dirigida desde el problema, pero hacia Dios:
¿Qué es lo que estás haciendo, Señor, a través de esto en mí? Revélamelo, Señor, porque sé que tienes el cuidado, y tengo la seguridad de que estás conmigo. Sé que me sigues instruyendo. Sé que a pesar de que yo me tropiece y en mi carne de repente no quiero orar, Tú gobiernas soberanamente, y me traes hasta aquí hoy.
¿Y luego qué pasa? Cuando uno ve esto, la oración produce confianza, lo vemos en el versículo 5 y 6:
Yo me acosté y dormí,
Y desperté, porque Jehová me sustentaba.
No temeré a diez millares de gente,
Que pusieren sitio contra mí.
Esto es impresionante. El problema va a existir, pero la perspectiva del problema respecto a Dios cambió, porque mientras hay cosas que te quitan el sueño, te afanan, se ponen difíciles, cuando ya estás confiando y Dios te alineó totalmente a Él, vas a descansar.
Dios es tu descanso. Porque tu seguridad ya no depende de controlar las circunstancias, sino de saber que el Señor lo permitió y lo sostiene a pesar de nosotros. A pesar de que todavía en el camino las empeoramos, porque hay veces que no queremos confiar y hacemos lo que queremos, y empeoramos las cosas.
Pero una vez que se está centrando la emoción de David, ya está enfocada en el Señor, y ya descansó. “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da” (Juan 14:17). No como la entrega el mundo: con dinero, con seguridad, con pertenencias, con estatus. No, no la entrega así. Incluso dijo el Señor: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Y somos más que vencedores en Cristo Jesús.
¿Qué te preocupa? Tu confianza debe estar totalmente dirigida y centrada en Dios. La oración no siempre elimina inmediatamente el problema, pero nos permite descansar en medio de él.
La oración también clama por la intervención de Dios
Levántate, Jehová; sálvame, Dios mío;
Porque tú heriste a todos mis enemigos en la mejilla;
Los dientes de los perversos quebrantaste.
8 La salvación es de Jehová;
Sobre tu pueblo sea tu bendición.
Principio espiritual: ¿Quién nos salvó? ¿Quién fue la propiciación por nuestros pecados? Cristo. Si hizo algo imposible para nosotros, porque era imposible acercarnos a Dios sin Cristo, porque era imposible ser sus hijos, ¿te preocupa cualquier problema terrenal? Cuando por Él hoy somos santificados.
¿Ves cómo David cambió toda su perspectiva? Sus oraciones no estaban solo centradas en él, sino conforme fue llevando el trayecto de la prueba se centró totalmente en Dios.
No solo pide tranquilidad emocional, pide a Dios que actúe y reconoce que la salvación es de Jehová.
¿Cómo tenemos que orar hoy?
- Exponiendo el problema: ¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios! Muchos son los que se levantan contra mí.
- Clamando: Muchos son los que dicen de mí: No hay para él salvación en Dios.
- Contemplando a Dios: Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el que levanta mi cabeza.
- Confirmando nuestra confianza: Con mi voz clamé a Jehová, Y él me respondió desde su monte santo.
- Descansando en Él: Yo me acosté y dormí, Y desperté, porque Jehová me sustentaba. No temeré a diez millares de gente, Que pusieren sitio contra mí.
- Pidiendo y adorando: Levántate, Jehová; sálvame, Dios mío; Porque tú heriste a todos mis enemigos en la mejilla; Los dientes de los perversos quebrantaste. La salvación es de Jehová; Sobre tu pueblo sea tu bendición.
Al final el Señor levanta. Y Él se ha glorificado continuamente en nuestra vida.
Esto nos lleva a tres principios:
- Ora a Dios honestamente: dile a Dios lo que estás viviendo, dile lo que sientes con honestidad, dile la verdad, Él lo conoce.
- Ora contemplando a Dios: recuerda quién es Él antes de mirar el tamaño de tu problema. Dios siempre va a ser Dios, y tu problema no va a detener su propósito.
- Ora confiadamente, deja el resultado en sus manos. Porque de Dios es la salvación.
Padre, te damos gracias porque tu bendición es salvarnos. Tu bendición, Señor, fue resolver aquel problema tan imposible que nunca hubiéramos logrado: otorgarnos a tu Hijo, Jesucristo.
Y como tu Escritura lo dice, si nos diste a tu Hijo, cómo no nos darás juntamente con Él todas las cosas. Cómo no establecerás, Señor, principios espirituales en nuestro corazón cuando está desordenado, cuando está vacío. Cómo no cubrirás con gracia la multitud de nuestras rebeliones, cómo no guiarás, Señor, y apacentarás nuestras vidas aún cuando nosotros nos descarrilamos.
Señor, lo más importante nunca va a ser qué problema aflige mi alma, sino si mi alma está completamente adecuada y siendo perfeccionada por ti. Transfórmanos, Señor, guíanos a través de las diferentes pruebas, susténtanos y llévanos a la oración con nuestra propia voz.
Que pidamos con honestidad, que oremos con esa confianza y que seamos ministrados en el interior para que sea transformada nuestra alma completamente a ti, Dios.
Por favor, minístranos, necesitamos mucho de ti, Señor. Cambia y transforma, Señor, lo que nosotros no podemos hacer, pero oramos particularmente esto porque queremos glorificar a Cristo.
En su nombre, amén.