Mes: febrero 2021

  • CONSEJO BÍBLICO VS. PSICOLOGÍA MODERNA

    CONSEJO BÍBLICO VS. PSICOLOGÍA MODERNA

    Hoy en día, a raíz de la pandemia, muchos en México se han sumado a la lista de personas que padecen depresión, ansiedad, angustia, desánimo, miedo y tristeza. Esta realidad ha dado paso a una crisis más profunda: una pandemia de salud mental.

    Incluso entre los creyentes, esta oleada de aflicción puede presentarse. No estamos exentos de los problemas de este mundo caído. Sin embargo, confiamos en que el Señor nos guarda del mal, tal como oró nuestro Salvador:

    “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.”
    (Juan 17:15, RVR1960)

    Los cristianos no estamos libres de sufrir en el alma: la depresión, el afán, el desánimo, el temor y la tristeza pueden tocarnos. Pero los que estamos en Cristo enfrentamos estas aflicciones de manera diferente: contamos con la ayuda sobrenatural del Señor, quien nos guarda del mal.

    Al final del Sermón del Monte, Jesús nos dejó una enseñanza crucial:

    “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca…”
    (Mateo 7:24–27, RVR1960)

    Ambos hombres en esta parábola enfrentaron las mismas tormentas —lluvia, ríos y vientos—, que bien podrían representar las crisis emocionales. Sin embargo, el que oyó y obedeció la Palabra permaneció firme.

    Vivimos en un mundo que se desploma como la casa del hombre insensato. Pero los que edificamos sobre la Roca, que es la Palabra de Dios, hallamos seguridad y esperanza.

    Ante la crisis, el creyente necesita consejo. Pero no cualquier consejo, sino el del único y verdadero Consejero: nuestro Señor Jesucristo.

    Uno de sus nombres es “Admirable Consejero”:

    “Porque un niño nos es nacido… y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.”
    (Isaías 9:6, RVR1960)

    El término hebreo “yô-ês” significa asesor, instructor, guía. Un consejero dirige con sabiduría hacia el camino correcto.

    Y es aquí donde notamos una diferencia crucial entre la consejería bíblica y la psicología moderna.

    La psicología contemporánea busca la autorrealización y la felicidad del individuo. Su objetivo es describir, explicar, predecir y modificar el comportamiento humano mediante la psicoterapia, basada en teorías filosóficas y subjetivas. Cada psicólogo opera bajo corrientes distintas, influenciado por su formación y experiencia personal.

    La psicología dirige al hombre hacia sí mismo en busca de respuestas. Pero el alma humana no puede ser restaurada por teorías cambiantes, sino por la Verdad eterna de Dios.

    A diferencia de esto, la consejería bíblica tiene un solo propósito: llevar al hombre a glorificar a Dios. No pretende sanar al margen de Dios, sino centrar la vida del aconsejado en su Creador. Su fundamento no es la técnica terapéutica, sino la suficiencia de las Escrituras.

    “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.”
    (Juan 17:17, RVR1960)

    Mientras la psicología busca la realización personal, la consejería bíblica busca la santidad del creyente, el apartamiento para Dios.

    Por desgracia, dentro de la iglesia se ha infiltrado la idea de que la Palabra de Dios no es suficiente. Algunos proponen una “consejería cristiana sin Biblia” o combinada con psicología. Pero el verdadero cambio no puede ocurrir sin la exposición directa a la Palabra.

    La Biblia transforma. Las teorías cambian; la Verdad permanece.

    La consejería bíblica confronta el pecado, llama al arrepentimiento, responsabiliza al hombre y lo guía por el camino de la santidad. A diferencia de la psicología, que a menudo victimiza al individuo, la Escritura nos muestra nuestra condición real y nos dirige al único que puede restaurar el alma: Dios.

    Incluso si una persona ha sido genuinamente víctima, solo la Palabra puede consolar su corazón y alejarlo de la autocompasión y la autojustificación.

    El rey David nos deja un testimonio poderoso de la suficiencia de la Palabra en Salmo 19:7–9:

    “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma;
    El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.
    Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón;
    El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.
    El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre;
    Los juicios de Jehová son verdad, todos justos.”
    (Salmo 19:7–9, RVR1960)

    Este pasaje declara que la Palabra:

    • Convierte el alma.
    • Hace sabio al sencillo.
    • Alegra el corazón.
    • Ilumina los ojos.
    • Permanece para siempre.
    • Es verdad y justicia absoluta.

    La ley de Dios es perfecta (“tâmîm”), sin defecto, sin desviación. Transforma el alma (“népesh”), el ser interior. Sólo la Palabra, acompañada del poder del Espíritu Santo, puede efectuar este cambio.

    Si un creyente enfrenta ansiedad, depresión o temor, la solución no es elevar su autoestima, sino someterse a la Palabra de Dios y hallar gozo en la obediencia:

    “Bendeciré a Jehová que me aconseja;…
    A Jehová he puesto siempre delante de mí…
    Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma;
    Mi carne también reposará confiadamente.”
    (Salmos 16:7–9, RVR1960)

    El gozo del Señor es el antídoto contra las crisis del alma.

    El temor de Jehová, como sinónimo de su Palabra (Salmo 19:9), es puro y eterno. Sus juicios no tienen error ni corrupción. Por eso, la Biblia es el único consejo verdadero para el alma.

    Finalmente, Pablo advierte a la iglesia en Colosas sobre filosofías humanas:

    “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas… y no según Cristo.”
    (Colosenses 2:8–10, RVR1960)

    Cristo es suficiente. Su Palabra es suficiente. La Biblia es el consejo supremo para el alma del creyente.

  • El verdadero perdón

    El verdadero perdón

    El Señor ha provisto dos medios poderosos para preservar la unidad entre los creyentes frente al embate del pecado: la disciplina eclesiástica y el perdón. Es sobre este segundo medio que deseo hablarte hoy.

    Nuestro Señor, en su sabiduría infinita, sabía que su Iglesia no sería perfecta; el pecado seguiría estando presente aún dentro de ella. Por ello, en sus enseñanzas a los discípulos, reveló la naturaleza del verdadero perdón.

    En Mateo 18 —sección conocida por muchos teólogos como el “Discurso de la vida del creyente”— el Señor responde a la pregunta que el apóstol Pedro le formula sobre el perdón entre hermanos:

    Mateo 18:21 (RVR1960)
    “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?”

    Con sabiduría divina, el Señor aprovecha esta pregunta para instruir a sus discípulos sobre la obligación de perdonar sin límites. Luego, mediante la parábola de los dos deudores, ilustra qué significa perdonar de todo corazón:

    Mateo 18:35 (RVR1960)
    “Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.”

    El Señor establece dos directrices esenciales para entender el perdón bíblico: debe ser constante y debe ser de todo corazón.

    Esto nos lleva a una pregunta crucial: ¿qué significa perdonar “de todo corazón”?

    En las Escrituras, el corazón representa no solo los afectos y emociones, sino también la sabiduría y el conocimiento. Así, el perdón verdadero no se basa únicamente en sentimientos, sino que brota desde lo más profundo del ser, sustentado por una convicción sabia y entendida.

    Decir “lo perdoné de corazón porque lo quiero” puede ser sincero, pero el corazón humano es engañoso (Jeremías 17:9). Por eso, es necesario que el entendimiento y la sabiduría acompañen al sentimiento. El perdón bíblico no es superficial ni meramente emocional; es un acto de obediencia consciente al carácter santo de Dios.

    Lamentablemente, en la mente de muchos creyentes se ha infiltrado un concepto distorsionado del perdón. Piensan que perdonar es simplemente dejar de odiar, de sentir rencor o desear venganza, aunque esto debe de pasar en el verdadero perdón no se esta considerando en nada al ofensor, en tal caso estos sentimientos son pecaminosos en sí mismos pues se centran en la persona agredida solamente y terminan siendo egoístas.

    Perdonar no es dejar de odiar: es mucho más. Por eso, deseo apoyarme en la enseñanza bíblica del pastor y teólogo R.C. Sproul, quien expone con claridad las cinco “R” del perdón, destacando el sonido que las une y su profunda conexión teológica:

    1. Arrepentimiento

    Sproul define el arrepentimiento como:

    “Un dolor piadoso por haber quebrantado la ley de Dios, por haber transgredido la relación con Él y haber dañado nuestras relaciones con los demás. Es un dolor que conlleva el deseo y la determinación de apartarse del pecado.”

    Dios, en su carácter, es verdaderamente perdonador. Cuando alguien se arrepiente sinceramente, Él otorga el único tipo de perdón que existe: el verdadero.

    Éxodo 34:6-7 (RVR1960)
    “¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso… que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado…”

    Proverbios 28:13 (RVR1960)
    “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.”

    Imitar a Dios en esto es esencial: si alguien se arrepiente, debemos perdonarlo. Pero si no hay arrepentimiento genuino, esa persona permanece atada a su pecado (Mateo 18:18) y no podemos ofrecerle el perdón que desata.

    2. Remisión

    Perdonar implica liberar a la otra persona de la deuda moral que ha contraído. Es enviar lejos el pecado, como lo hace Dios:

    Salmos 103:12 (RVR1960)
    “Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.”

    Miqueas 7:19 (RVR1960)
    “Echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.”

    Isaías 6:7 (RVR1960)
    “Es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.”

    Así también debemos nosotros remitir: dejar de tener presente la ofensa, liberando al hermano sinceramente arrepentido.

    3. Restitución

    El perdón verdadero incluye la restauración de la persona al lugar que tenía, con sus derechos y deberes. Tal como el padre del hijo pródigo:

    Lucas 15:22-24 (RVR1960)
    “Sacad el mejor vestido… porque este mi hijo muerto era, y ha revivido…”

    No hay restitución sin arrepentimiento, pero una vez que éste existe, debemos recibir al ofensor con gozo y dignidad.

    4. Reconciliación

    2 Corintios 5:18 (RVR1960)
    “Nos dio el ministerio de la reconciliación.”

    La reconciliación es el restablecimiento del vínculo, la restauración de la comunión. A veces, como en el caso de Pablo y Marcos (cf. Hechos 15:39; 2 Timoteo 4:11), esto toma tiempo, pero es el fruto del perdón genuino.

    5. Restauración

    Salmos 51:12 (RVR1960)
    “Vuélveme el gozo de tu salvación…”

    La restauración es el resultado final: volver al estado original de amor, confianza y comunión. No es suficiente simplemente tolerar al otro: se debe buscar que la relación sane y florezca.

    Conclusión

    Perdonar no es solo dejar de odiar. Eso es parte del mandamiento general de amar incluso a los enemigos. Perdonar es:

    • Remitir la deuda del otro, sin tenerla en cuenta.
    • Restituir al hermano en su dignidad.
    • Reconciliarse con él en la medida de lo posible.
    • Restaurar la comunión como si nada hubiera ocurrido.

    Eso es lo que Cristo hizo contigo. Cuando tú pecaste contra Dios, Él te llevó al arrepentimiento, pagó tu deuda, te reconcilió consigo mismo y restauró tu relación con Él. Todo por Su gracia, cuando tú le pediste perdón.

    El Señor nos llama hoy a ofrecer ese mismo tipo de perdón a quien sinceramente se arrepiente.

    Quisiera poner a tu consideración un concepto importante: el perdón sin arrepentimiento no es viable. En la actualidad, la psicología promueve la idea de perdonar incluso cuando quien ha ofendido no muestra intención alguna de arrepentirse o pedir disculpas. Sin embargo, al observar las Escrituras y el carácter de Dios, notamos que Él nunca otorga perdón al pecador que no se arrepiente.

    Como creyentes llamados a imitar el carácter santo de nuestro Dios, no podemos otorgar perdón a quien no lo solicita. No obstante, algo crucial es que el verdadero cristiano, aun en medio del dolor y la ofensa, no debe albergar amargura en su corazón (Mateo 5:21-26, 38-48). 

    ¿Hay alguien que te ha pedido perdón sinceramente y a quien todavía no has perdonado? No permitas que el pecado destruya lo que Dios quiere preservar. El perdón une; el resentimiento divide y sobre todo nos separa de Dios.

  • ¿QUÉ ES LA PREDICACIÓN EXPOSITIVA?

    ¿QUÉ ES LA PREDICACIÓN EXPOSITIVA?

    Muchos creen que predicar es tomar un versículo de la Biblia, leerlo y después hablar con un corazón sincero lo que en ese momento el Espíritu Santo te inspire. Esa forma de predicar es sumamente peligrosa pues el predicador fácilmente se desvía de los que Dios quizo decir en ese pasaje.

    La iglesia cristiana evangélica pasa por una seria crisis, el predicador busca más que fidelidad escritural exaltar las emociones de los que le escuchan por medio de buenas estrategias de comunicación, buena oratoria, dicción, presencia, abrir su corazón, sinceridad, elocuencia y demás estrategias para predicar un mensaje cristiano.

    En Éxodo cuatro vemos el famoso pasaje del llamamiento de Moisés, en el verso vemos el miedo de Moisés de no ser oido por los los ancianos hebreos y el mismo faraón, su argumento era:

    Éxodo 4:10 Reina-Valera 1960

    10 “Entonces dijo Moisés a Jehová: !!Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua.”

    “Nunca he sido un hombre fácil de palabra” –literalmente “no soy un hombre de palabras”, Moisés consideraba que era un hombre incapaz de expresar sus pensamientos en un discurso fluido y convincente, esa era la apreciación de Moisés acerca de hablar delante del pueblo lo que Dios le había dicho, más esa actitud no era humildad de parte de Moisés sino arrogancia pues el creyó que para hablar la Palabra de Dios es necesario tener habilidades para hablar de parte de Dios. En la cultura egipcia era necesario que para hablar con el pueblo de parte de sus dioses debía de haber elocuencia convincente para cautivar a los oyentes.

    Más para Dios no es importante la habilidad oratoria sino el mensaje del orador, observa:

    Éxodo 4:11-12 Reina-Valera 1960

    11 “Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?

    12 Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.”

    Dios reprende a Moisés, le hace ver que él se esta preocupando por lo menos importante, que el tener habilidades para hablar su Palabra el la dará pues es Dios pero que lo más importante para Él es hablar lo que Él quiere que se diga “y te enseñaré lo que hayas de hablar”.

    Es hablar lo que quiere decir Dios mucho más importante que lo que puede decir un hombre con grandes dotes de oratoria y es aquí donde la predicación expositiva tiene un gran valor delante de Dios.

    Podemos agrupar la predicación en tres tipos: temática, textual y expositiva. Las predicaciones temáticas son las que el predicador tiene un tema y agrupa una serie de versículos que pretender respaldar la idea del mensaje, esto puede ser difícil y peligroso, normalmente el predicador temático tiene una idea, voy a hablar acerca la salvación y busca todos los versículos que hable de la Biblia que tengan la palabra “salvación” para armar su sermón, el gran problema de ello es que no considera muchos aspectos del estudio bíblico para saber si esos versos hablan de lo mismo.

    La predicación textual gira al rededor de un solo texto, el problema es que realmente el texto esta girando al rededor de la idea que el predicador quiere darle al auditorio, aunque no podemos ser enfáticos de que dichas predicaciones son erróneas si podemos asegurar que tienen un riesgo muy grande de desviarse de lo que Dios ya dijo en su Palabra. Estos dos tipos de métodos de predicación no tienen un compromiso serio de estudio, interpretación, entendimiento, reflexión, explicación y aplicación de la Palabra de Dios en un sermón.

    Según el diccionario exposición es un discurso es la elaboración de un mensaje mediante recursos expositivos para ofrecer un mensaje claro aun en los temas más difíciles de explicar. Para lograr eso el predicador debe de ser un fiel escudriñador de las Escrituras.

    La predicación expositiva no es predicar sobre la Biblia sino predicar la Biblia sin alterarla, extrayendo el significado real y fundamental tal como lo expreso el autor original, en su contexto original, bajo el contexto general de la Palabra de Dios y aplicando esa realidad extraída a la vida cotidiana del creyente.

    *Este comentario es para el blog de PA.

    R. Albert Mohlher, Jr. En su libro “Proclame la Verdad” define la predicación expositiva como “el método de la predicación cristiana que tiene el propósito central la presentación y aplicación del texto bíblico”.

    *Este comentario es para el blog de Beraca.

    Fermin IV pastor de la iglesia Semilla de mostaza comenta que “la predicación temática es una buena herramienta y las ilustraciones o la elocuencia un gran complemento, pero no se comparan al arte de desmenuzar un texto en su contexto para que diga lo que originalmente quiso decir a sus lectores originales y traducirlo al entendimiento moderno; y cuando eso se hace de manera ordenada para ir más profundo en el análisis de una carta o libro completo, entonces se potencia la comprensión de los oyentes y eso es lo que propone este libro.”

    En un sentido más sencillo la predicación expositiva es leer el texto de las Escrituras, explicar el texto en su contexto original, ilustrar el texto que se esta exponiendo con otros pasajes de las Escrituras relacionados y aplicar el texto a las necesidades actuales de los que escuchan el texto.

    Este tipo de predicación es apegada a la demanda que Dios le hizo a Moisés de hablar lo que Él quería que hablara.

    *Este comentario es para el blog de Beraca.

    Te invitamos a profundizar es este tema sumamente importante que aborda Fermín IV en su libro “Por qué y cómo predicarles expositivamente a las nuevas generaciones” de venta en Beraca y recuerda que tenemos entrega sin costo en la CDMX.

    *Este contenido es para el blog de PA.

    Aquí te ofrezco un breve estudio de como predicar expositivamente.

    Debes de orar para pedir que el Espíritu Santo te guíe es esta hermosa pero a la vez loable labor.

    a) Debes de escoger un pasaje bíblico. Muchos predican de una forma seriada (yo lo hago) esto es domingo tras domingo predicar un libro completo hasta terminar, esto ayuda sobremanera para evitar interpretaciones erróneas pues va en pro de la unidad de pensamiento verso por verso.

    b) Leer el texto varias veces, si vas a predicar un verso estudiar todo el libro o epístola. Conocer que dice el texto no por tu suposición sino por tu investigación, entender el contexto histórico, literal y gramatical. Debes de entender que dijo el Espíritu Santo a través de el autor humano (ejemplo Pablo, Moisés, Isaías, Lucas, etc.) tu objetivo es saber el que, el porque y el para qué del pasaje que vas a predicar.

    c) Ya que tienes tu estudio es necesario para tu sermón buscar una oración o frase (algunos le llaman proposición exegética) que te ayude a sintetizar en una frase o idea lo que vas a predicar, esto te ayudara a no salirte del objetivo y estructurar una frase que ayude a tu auditorio a entender el propósito del mensaje. Esta proposición debe de surgir del texto.

    Exégesis es extraer, es importante que seas honesto y extraigas el mensaje, entiendas que dice Dios y no metas tus ideas al mensaje eso es Eiségesis esto es introducir tus ideas al texto, esto nunca lo debes de hacer pues terminas siendo subjetivo y alteraras el texto a tu conveniencia, recuerda tu auditorio no quiere oír tu opinión (un auditorio fiel a la Palabra) sino oír la Palabra de Dios.

    b) Debes de ocuparte por descubrir el sentido de lo que Dios demanda a ese auditorio original y trasladar esa enseñanza al auditorio actual, algunos le llaman cruzar el “puente teológico”, pasar de las sandalias hebreas a los tenis o zapatos del cristiano hoy, pero cuidado pues debes de filtrar esa enseñanza por medio de la teología, debes de conocer los pactos bíblicos, las diferencias entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, el propósito de la ley y de la gracia para no cometer el error de pedirles a tu auditorio construir un arca hoy para salvarse o esperar un “nuevo pentecostés” para ser llenos del Espíritu Santo. Debes de estudiar teología, un libro de teología sistemática te ayuda en gran manera.

    c) Ahora necesitas una frase que impacte a tu auditorio, esta debe de surgir de tu primer frase o proposición exegética, esta frase debe de ser lo más sencilla posible para que sea fácil de memorizar a esta frase le llaman frase para el sermón, idea homilética o proposición homilética.

    d) Ahora debes de seguir orando y construir tu sermón. Predique el fin de semana pasado el pasaje de Mateo 16:19:

    19 “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.”

    Donde mi proporción homilética fue: Hoy veremos 2 declaraciones del Señor que nos recuerdan cual es nuestra autoridad para atar y desatar delante del mundo.

    Los 2 puntos que encontré en el texto son:

    1.- Autoridad delegada. (V. 19a).

    2.- Autoridad respaldada. (V. 19b).

    • Para entender la estructura del Sermón te invito a verlo en: liga.

    e) Muchos ponen un énfasis en la “viveza” del predicador, su carisma, más eso no es lo principal, regresando a las palabras que Dios le dijo a Moisés:

    Éxodo 4:11-12 Reina-Valera 1960

    11 “Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?

    12 Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.”

    Moisés debía ocuparse es decir lo que Dios le dijo y Dios se ocuparía de habitarlo para decirlo, no necesitas ser un gran orador sino un expositor fiel de la Palabra de Dios, debemos ser como Moisés, dejar de preocuparnos demás por ser relevantes y enfocarnos por ser fieles.

    Para tener un estudio más profundo del tema te sugiero los siguientes materiales:

    · La predicación. Cómo predicar expositivamente. John MacArthur y facultad del Master´s Seminary. © Grupo Nelson 2009.

    · Proclame la verdad. R. Albert Mohler, Jr. © Portavoz 2018.

    · Hermenéutica. Entendiendo la Palabra de Dios. J. Scott Duvall, J. Daniel Hays. © Editorial Clie 2001.

     

  • ¿Los cristianos deben sufrir?

    ¿Los cristianos deben sufrir?

    En estos tiempos tan difíciles, muchos creyentes se han sentido desilusionados por los mensajes que, desde los púlpitos, han prometido una vida cristiana exenta de dolor. Se ha predicado que al cristiano todo le va bien, que el Señor no permitirá que su pueblo sufra, que enfermedades, pruebas económicas y sufrimientos no forman parte del propósito divino. Sin embargo, la realidad golpea con fuerza: hermanos enfermos, sin empleo, enfrentando la muerte o grandes carencias. ¿Quién ha mentido?, ¿quién ha dicho esa falsedad acerca de una prosperidad garantizada para los creyentes? ¿Dios o los hombres?

    La respuesta es clara: fueron los hombres. Dios no miente. Pero los hombres que se apartan de la verdad bíblica sí lo hacen.

    Jesús siempre fue honesto. Él es Dios y nunca alteró la voluntad del Padre. Fue el único ser humano que habló con total verdad. En el evangelio de Mateo encontramos un pasaje que revela con claridad la realidad del sufrimiento dentro del plan divino:

    Mateo 16:21-23 (RVR1960)
    Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.
    Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.
    Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

    Este es el primer momento en Mateo donde el Señor revela abiertamente que le era necesario —es decir, obligatorio según el plan del Padre— padecer y morir, para luego resucitar al tercer día. Ya antes había insinuado su muerte (Mateo 12:39), pero aquí lo declara con claridad. Jesús entendía el propósito del Padre: mediante su sufrimiento en la cruz, muchos recibirían la mayor de las bendiciones: la vida eterna.

    Pero Pedro no compartía ese pensamiento divino. Le parecía inconcebible que el Mesías, el Hijo del Dios viviente, tuviera que morir. Para él, eso era una contradicción. ¿Cómo podría sufrir quien tiene una relación única con el Padre?

    Aquí se presentan dos visiones opuestas. Jesús ve el sufrimiento como necesario, como el camino hacia la redención. Pedro, en cambio, con un pensamiento humano, lo rechaza. Por eso Jesús lo reprende con firmeza, incluso llamándolo “Satanás”, pues sus palabras se oponían directamente a la voluntad de Dios.

    Muchos creyentes hoy piensan como Pedro: creen que el sufrimiento no puede estar dentro del plan de Dios. Recuerdo que cuando prediqué sobre esta verdad bíblica, algunos hermanos se incomodaron. Pero ¿cómo superar este pensamiento tan arraigado y contrario al propósito divino? La respuesta la encontramos en el mismo Pedro. Con una mayor comprensión del ministerio de Cristo, él llegó a entender que el sufrimiento era necesario para que hubiera resurrección:

    2 Pedro 1:3-5 (RVR1960)
    Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia…

    Más adelante, Pedro incluso afirma que los creyentes deben estar dispuestos a sufrir, si así lo quiere la voluntad de Dios:

    1 Pedro 3:17-18 (RVR1960)
    Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.
    Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios…

    Cristo sufrió para librarnos del pecado. De igual manera, nosotros, como creyentes, debemos estar dispuestos a sufrir haciendo el bien, llevando el evangelio en un mundo caído.

    El sufrimiento, aunque resultado del pecado en el mundo, es usado por Dios con un propósito santo: perfeccionar a los que lo aman. No es Dios quien lo origina (Santiago 1:13), pero en su soberanía lo utiliza para hacernos semejantes a Cristo:

    Romanos 8:28-29 (RVR1960)
    Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien…

    Todo —lo bueno y lo aparentemente malo— coopera para el bien de los que aman a Dios. Este bien es ser conformados a la imagen de su Hijo. En el sufrimiento por causa de Cristo es cuando más nos parecemos a Él.

    Predicar que el sufrimiento no forma parte de la vida cristiana es antibíblico. Es fomentar en el creyente una teología superficial e inmadura. El sufrimiento, según Santiago, produce madurez espiritual:

    Santiago 1:2-5 (RVR1960)
    Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia…

    El creyente que niega el propósito de Dios en el sufrimiento piensa como Pedro cuando “ponía la mira en las cosas de los hombres”. Es comprensible preguntarnos dónde está Dios en medio de los días difíciles, o por qué nos suceden cosas dolorosas a pesar de seguirle. Pero la respuesta es clara: Dios es soberano. No te ha abandonado, te está madurando. Eso es lo que significa parecerse cada día más a Jesús.