Autor: Reymundo Romo

  • La lealtad de la mujer a Cristo mostrada por el servicio

    La lealtad de la mujer a Cristo mostrada por el servicio

    Muchos piensan que el cristianismo es una religión machista que denigra a la mujer y exalta al hombre. Esto es totalmente falso pues fue Dios a través de Cristo que le dio un lugar de dignidad a la mujer, apto de ser imitado incluso por los hombres.

    Mateo 27:51-56 Reina-Valera 1960

    5«Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; 52 y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; 53 y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. 54 El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente este era Hijo de Dios.

    55 Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, 56 entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.»

    Según el evangelio de Mateo, los milagros que hizo el Padre después de la muerte de su Hijo son evidencias, señales de su disposición para salvar a aquellos que creyeran en él y de la certeza de la resurrección. Ante estas evidencias hubo reacciones humanas, respuestas positivas ante la cruz de Cristo.

    Las primeras dos respuestas positivas las encontramos en el versículo 54, la actitud de temor del centurión y los que estaban con él y la fe de los mismos.

    La tercera reacción fue de parte de muchas mujeres que fueron testigos presenciales del sufrimiento del Señor (versículo 55).

    Ellas no eran solo espectadoras sino eran seguidoras y siervas del Señor. El evangelista especifica que ellas le seguían desde Galilea que fue donde el Señor inició su ministerio; es decir, desde el principio estuvieron con él.

    Ahora miraban de lejos probablemente porque siendo mujeres –cuya característica es la sensibilidad–, no resistían el horror de aquel momento. También es probable que no se les permitiera acercarse por el hecho de ser mujeres. Pero en ningún momento abandonaron al Señor Jesucristo.

    Recordemos que en 1 Pedro 3:7 se reconoce a la mujer como “vaso más frágil” y estas mujeres aún en su fragilidad fueron fortalecidas por su fe en Cristo dando evidencia al seguirle y servirle. Ellas no eran simples “admiradoras”. Eran creyentes genuinas, leales a su Señor.

    La palabra “sirviéndole” en griego es una conjugación del verbo “diácono” que significa servir, que en esta parte de la Escritura implica una continuidad, un servicio constante, estas mujeres no cesaron de servir al Señor aun en los momentos más críticos.

    Recordemos que las mujeres, al igual que los hombres, están en una condición de pecado y del mismo modo han recibido la gracia de la salvación.

    En Lucas 4:38 se narra el caso de la suegra de Pedro que fue sanada por el Señor y “al instante les servía”. Su servicio fue indicio de haber recibido la gracia del Señor. Servir al Señor es el más alto llamado.

    Entre las mujeres que se mencionan estaba María Magdalena la cual había sido liberada de 7 demonios (Lucas 8:2). María, la madre de Jacobo y José (Jacobo “el menor” que llegó a ser apóstol); Salomé, madre de los hijos de Zebedeo (Jacobo el mayor y Juan el discípulo amado), quien era hermana de María la madre de Jesús, fueron testigos también de la sepultura del Señor (Mateo 27:59-61). Ellas mismas fueron utilizadas por Dios para dar testimonio de la resurrección (Mateo 28:1,8-9). 

    Tristemente no podemos ver esta actitud en los discípulos varones ya que ellos habían huido, pero por gracia de Dios volvieron después.

    Lo que vemos es que el Señor Jesucristo siempre dio un lugar privilegiado a la mujer en su vida, muerte y resurrección. Nadie trato a la mujer con tanta dignidad, ternura, cuidado y amor que el Señor Jesucristo.

    Tristemente en el contexto cultural de este pasaje la mujer era considerada como un niño, o un perro sin valor. Los varones disponían de la vida de sus mujeres, de sus hijas, podían echarlas a la calle, casarse con ellas siendo niñas, no eran consideradas seres racionales, no eran dignas de ser enseñadas, eran un artefacto de deleite sexual, incluso podían ser asesinadas por sus propios padres o maridos. Todo este pensamiento Griego y Romano había permeado aun en los judíos del primer siglo d.C.

    Por lo tanto, el modo en que el Señor Jesús trató a las mujeres fue transformador. Él las dignificó. Habló con la mujer samaritana, resucito a la hija de Jairo, encargó a su madre María a Juan, tenía por amigas a Marta y a María, hermanas de Lázaro, María pasaba tiempo escuchando las enseñanzas de Jesús. Permitió que una prostituta le lavara los pies con sus lágrimas de arrepentimiento, sanó a la mujer del flujo de sangre. Él aprobó que muchas mujeres le siguieran y le sirvieran.

    Nadie trato a la mujer con tanta dignidad, ternura, cuidado y amor que el Señor Jesucristo.

    Y si aplicamos este principio a nuestra vida, el varón maduro en Cristo tendría que tratar a la mujer de la misma manera que Él lo hizo, con dignidad, ternura, cuidado y amor. Es momento para los varones de reflexionar en cómo tratan a su esposa, hermana, a la compañera de trabajo, a las hermanas de la iglesia. Y para las mujeres, recordar que la libertad y el privilegio que tienen en Cristo son posibles porque fueron tratadas con dignidad por el Señor.

    El varón maduro en Cristo tendría que tratar a la mujer de la misma manera que Él lo hizo, con dignidad, ternura, cuidado y amor.

    Espiritualmente, el hombre y la mujer ocupan el mismo lugar (Gálatas 3:28) pero desempeñan diferentes roles, las funciones son diferentes. Una de estas funciones es servir al Señor y a los demás, y más que función es un privilegio.

    El hombre fue llamado a ser autoridad y la mujer como ayuda idónea de esa autoridad (Génesis 2:18). Ser ayuda idónea es ser la contraparte a las carencias que el hombre tiene. Ser esa contraparte para hombre no es para ser la competencia sino la ayuda para él.

    La sumisión y el servicio de la mujer al esposo y a los pastores es reflejo de la sumisión y servicio a Cristo. Cuando una mujer acepta con gozo el rol que Cristo le dio de ser ayuda idónea para el liderazgo del hombre, esa mujer esta reflejando madurez espiritual.

    Cuando una mujer acepta con gozo el rol que Cristo le dio de ser ayuda idónea para el liderazgo del hombre, esa mujer esta reflejando madurez espiritual.

    Observemos las vidas de Sara, Rut, Ester, Rahab, la mujer virtuosa de Proverbios 31, etc. Ellas fueron siervas de Dios. Tengamos presente el ejemplo de Lidia (Hechos 16:14-15), de Loida y Eunice (2 Timoteo 1:5), quienes no pretendían ser autoridad sino que se deleitaban en el servicio a Dios.

    Así como las mujeres que estuvieron en el momento crítico de la crucifixión y muerte de Cristo, debemos ser leales sirviendo a nuestro Señor tanto hombres y mujeres en los momentos críticos de la vida dando muestra de nuestra salvación.

    Redacción y corrección: Itzel Flores y Regina Romo

  • ¿La membresía de la iglesia es invención de Dios o de la iglesia?

    ¿La membresía de la iglesia es invención de Dios o de la iglesia?

    Algunos piensan que cuando un liderazgo en una iglesia quiere formalizar la membresía, lo que hace es solo un acto administrativo generado por los hombres para tener cierto control de los feligreses… ¿Es realmente la membresía de la iglesia una invención del hombre o es una invención divina?

    Para responder esto consideremos la Palabra de Dios en este pasaje:

    1 Corintios 12:27 Reina-Valera 1960

    27 “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.”

    Pablo dice que somos miembros. La expresión en el griego es “Melos”, que quiere decir extremidad o parte del cuerpo humano, pero recordemos que Pablo utiliza aquí una analogía para hablar de la importancia de ser parte del Cuerpo de Cristo, esta enseñanza tiene grandes implicaciones tanto espirituales como prácticas.

    Somos miembros del Cuerpo de Cristo.

    A pesar de que el capítulo 12 de 1 Corintios habla de los dones espirituales, no es la única enseñanza de este pasaje sino también habla de la iglesia, del cuerpo de Cristo e implícitamente de la membresía de la iglesia.

    Todas estas enseñanzas tienen su pilar en el Evangelio de Cristo, los dones espirituales, el cuerpo de Cristo y la membresía tienen un sólido pilar doctrinal que es el Evangelio.

    La naturaleza de la iglesia nace del Evangelio, sin Evangelio no hay iglesia, el Evangelio da a luz a la iglesia.

    La iglesia es un organismo vivo que refleja la verdad del Evangelio:

    1 Timoteo 3:14-16 Reina-Valera 1960

    El misterio de la piedad

    14 “Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte,

    15 para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.

    16 

    E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:

        Dios fue manifestado en carne,

        Justificado en el Espíritu,

        Visto de los ángeles,

        Predicado a los gentiles,

        Creído en el mundo,

        Recibido arriba en gloria.”

    La iglesia fue engendrada por el Evangelio, está para predicar y defender el Evangelio. Esa es la función de esa familia espiritual en la tierra. La iglesia es el testimonio fiel en la tierra de que el Señor vive y reina en los cielos. La iglesia es una familia espiritual que debe reflejar el Evangelio en su vida cotidiana.

    Si el Evangelio es amor, gracia, misericordia, justicia, verdad, perdón, redención, humildad, humillación, sacrificio, compromiso, santidad y un sinnúmero de expresiones más, eso también debe de ser la iglesia de Cristo.

    El Evangelio gobierna a la iglesia, la define, la estructura, la organiza, el Evangelio fue lo que le dio vida a la iglesia y lo que la mantiene con vida.

    La iglesia es un espejo que refleja la luz de Cristo en la tierra, Dios se da a conocer por medio de la iglesia:

    Efesios 3:9-10 Reina-Valera 1960

    9 “y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas;

    10 para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales,”

    El Evangelio es el mensaje divino para los hombres, de cómo Cristo murió en la cruz para el perdón de los pecados y de cómo Él fue resucitado para vencer a la muerte. El Evangelio anuncia cómo todo aquel que cree en la obra de Cristo es salvado e integrado a una nueva familia espiritual donde la cabeza es Cristo.

    El mensaje del Evangelio es cómo Cristo a través de su obra y su Espíritu, saca de la potestad del mundo, del pecado, de la muerte, de Satanás a una persona que cree en Él para hacerlo parte ahora de una nueva naturaleza: ser ahora esclavo de un nuevo Amo e integrado a una nueva familia espiritual. El Evangelio lleva a una persona a ser miembro de Cristo, ser parte de su cuerpo que es la iglesia.

    1 Corintios 12:27 Reina-Valera 1960

    27 “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.”

    El Evangelio hace que una persona sea parte de Cristo, el Evangelio es Cristo mismo y Él a través de su obra perfecta nos compró para ser miembros de Él:

    1 Pedro 1:18-21 Reina-Valera 1960

    18 “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,

    19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,

    20 ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros,

    21 y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.”

    El Evangelio integra al creyente a la iglesia de Cristo. El mensaje del Evangelio hace que los que son de Cristo sean llamados, separados, rescatados para ser miembros de Él. Cristo a través de su mensaje atrae a los suyos para hacerlos parte de Él.

    La membresía de la iglesia no es un invento del liderazgo, ni de la iglesia, es la obra de Dios a través del Evangelio. La membresía no es la invención del hombre que quiere organizar a la iglesia, no es la visión organizacional de un hombre que dice que Cristo le “reveló” una nueva forma de gobierno eclesiástico, no es así: la membresía bíblica es la obra de Dios a través del Evangelio de Cristo.

    Los corintios tenían muchos conflictos entre ellos porque no entendían aún que la iglesia fue formada por el Evangelio de Cristo y no por Pablo, y mucho menos por ellos mismos:

    1 Corintios 1:13 Reina-Valera 1960

    13 “¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?”

    Pablo les dice que la membresía no fue formada por él sino que ellos son miembros por la obra de Dios y no de los hombres. Ellos pesaban que la institución de la iglesia era humana, no discernían bien que el Cuerpo de Cristo es la iglesia y por ello deshonraban la celebración de la Santa Cena:

    1 Corintios 11:29 Reina-Valera 1960

    29 “Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.”

    Ellos no entendían que el Señor los había unido para comulgar, para estar unidos; pero al ser indiferentes al sentido de la membresía eran indiferentes al mismo Señor y quien es indiferente a la membresía es indiferente a Dios.

    Uno no puede decir que ama a la cabeza y aborrece al cuerpo, uno no puede decir que ama al cuerpo y odia a la cabeza. Quien no reconoce la importancia de la membresía no puede decir que Cristo es importante para él.

    1 Corintios 12:27 Reina-Valera 1960

    27 “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.”

    Pablo al decir estas palabras se refería no a la iglesia universal o mística sino a la iglesia local, el mismo contexto del capítulo 12 nos habla de una interacción de los miembros dentro de una iglesia local, la iglesia de Corinto.

    Los corintios no estaban afectando a la iglesia universal con sus prácticas egoístas sino estaban afectando a su propia iglesia local, a esa pequeña expresión de la iglesia universal de Cristo.

    Pablo les dice que si en realidad son parte de la iglesia universal, deben expresarlo en una comunión sincera con otros dentro de la iglesia local. En otras palabras, quien es realmente salvo (que es parte de la iglesia universal) ama e interactúa con sus hermanos en una iglesia local:

    1 Juan 2:10-11 Reina-Valera 1960

    10 “El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo.

    11 Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.”

    Al hablar de la iglesia universal y la iglesia local, no debemos confundirnos y creer que son 2 cosas ajenas, esto puede generar un pensamiento de división entre ellas, más bien se habla de una distinción.

    La iglesia local está dentro de la iglesia universal, y todo creyente que está en la iglesia universal expresa esa realidad siendo miembro de una iglesia local (como lo vemos en el siguiente diagrama): 

    Hay quienes dicen que son parte de la iglesia universal pero no pertenecen a ninguna iglesia local, lo cual es una contradicción, es poner el alma en peligro y es pecado:

    La evidencia visible de que una persona está en Cristo es que es parte de una iglesia local.

    Cuando Pablo habla de que los corintios eran miembros del cuerpo de Cristo está hablando de que ellos eran miembros de la iglesia local de Corinto, miembros de la iglesia local.

    Palabra Abundante es una expresión del cuerpo universal del Señor, y para ser miembro de Palabra Abundante deben cumplirse estos requisitos bíblicos:

    1.- Ser miembro de la iglesia universal de Cristo.

    2.- Querer ser miembro de esta pequeña iglesia local.

    3.- Comprometerse a la comunión debida buscando la edificación espiritual de los hermanos que son parte de Palabra Abundante.

    Cristo es el que edifica a Su Iglesia, pero encontramos en la Biblia que esta edificación viene a través de sus miembros que trabajan en favor de la iglesia:

    Efesios 4:12 Reina-Valera 1960

    12 “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,”

    La Biblia muestra que quien es verdaderamente creyente es parte activa de una iglesia local, esa persona trabaja no para edificarse a sí mismo sino para edificar a sus hermanos. Esa persona debe de ser fiel en su compromiso dentro de una iglesia local.

    El énfasis más fuerte de la segunda enseñanza de Pablo a los corintios en el capítulo 12 es ser miembro de la iglesia y responsabilizarse de edificar a los demás miembros si es que ellos eran verdaderamente creyentes:

    12 “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros (Melos, extremidad) del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.

    13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

    14 Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.

    15 Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?

    16 Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?

    17 Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?

    18 Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.

    19 Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?

    20 Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo.

    21 Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.

    22 Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios;

    23 y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro.

    24 Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba,

    25 para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.

    26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.

    27 Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.”

    Pablo se dedicó a predicar el Evangelio para que a través de él pudieran los corintios creer y vivir en armonía como iglesia. Ser parte de la iglesia es comprometerse con ella, interesarse activamente en la necesidad de todos los hermanos tanto espiritual como materialmente.

    La esencia del Evangelio es el amor. Quien es salvo manifiesta amor a Dios y al prójimo y esa manifestación se coincide con lo que Pablo nos indica sobre la preeminencia del amor:

    1 Corintios 13 Reina-Valera 1960

    La preeminencia del amor

    13  “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.

    2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.

    3 Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

    4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;

    5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;

    6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.

    7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

    8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

    9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;

    10 mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.

    11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.

    12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.

    13 Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.”

    La membresía es un compromiso de amor con una iglesia local, amar a la iglesia a pesar de. No es amar una visión, una marca, un proyecto; es amar a un grupo de hermanos que son tan imperfectos como tú y que necesitan ser amados y edificados como tú lo necesitas.

    No ser parte de una iglesia local es un suicidio espiritual pues no hay crecimiento, no hay responsabilidad, no hay a quién amar y quién te ame; simplemente no hay santificación. Desafortunadamente hay muchos suicidas espirituales que argumentan su falta de compromiso  y de amor a Dios y a su prójimo diciendo que la membresía eclesiástica es un invento humano que no van a seguir.

    Uno no asiste al cuerpo de Cristo, uno pertenece al cuerpo de Cristo.

    La membresía eclesiástica es bíblica y no es una invención, es un mandato bíblico; quienes cuestionan la necesidad de la membresía de la iglesia cuestionan la voluntad de Dios revelada a través de las Escrituras. 

    Oro al Señor y le pido que este artículo te haga reflexionar y si no te estás congregando, pronto te integres fielmente a una iglesia local.

  • Los 8 escalones de la humillación que llevan a la exaltación.

    Los 8 escalones de la humillación que llevan a la exaltación.

    Durante mucho tiempo he escuchado la expresión “¡debes de ser humilde!”, incluso es la exhortación más común de los que estamos en Cristo.

    Esto es toda una realidad, los cristianos debemos ser humildes, ¿pero cómo podemos serlo? Por la gracia del Señor encontramos en la carta de Pablo a los Filipenses la definición más exacta de lo que es la humildad a través del ejemplo más grande: la humillación de nuestro Señor Jesucristo.

    Pablo fue informado de ciertos problemas que afectaban la comunión en la iglesia en Filipo, Pablo estando preso en Roma es inspirado por el Espíritu Santo para escribir una carta para exhortar a los filipenses a abandonar el egoísmo y abrazar la humildad.

    Al inicio del capitulo 2, Pablo muestra su preocupación por la falta de humildad que podría gobernar a los filipenses, por ello los anima en el Señor a abandonar las contiendas y la vanagloria que provoca el egoísmo y abrazaran la humildad para la unidad de la iglesia (Fil. 2:1-3).

    Al final del verso 3 Pablo da una definición inicial de la verdadera humildad:

    3 “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo;”

    Humildad es considerar a los demás como superiores o más importantes que uno mismo. La palabra en griego que encontramos como superiores también puede ser “gobernadores de uno mismo”.

    Humildad es la disposición del creyente de ser gobernado por otro(s).Esta humillación no es negativa sino positiva, es la actitud de un creyente que entiende que no viene a gobernar, a competir, a ser servido sino viene a servir, a ser gobernado por otros (Mateo 18:1-5).

    Pablo habla de considerar a los demás como dignos de gobernar sobre uno mismo y agrega que los asuntos de los demás deben ser más importantes que los propios:

    4 “no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.”

    Pablo no se queda ahí y profundiza más en el concepto de la humildad animando a la iglesia a seguir los pasos de la humillación que Cristo hizo a favor de nosotros:

    5 “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,”

    El Apóstol describe 8 aspectos que definen la humildad de nuestro Señor y que sirven de ejemplo para nosotros.

    Los podemos ver como 8 peldaños de humillación que son hacia abajo, cada uno más bajo, más humillante, más humilde.

    Vamos a Filipenses 2 y veamos desde el verso 5:

    5 “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,

    Si avanzamos al verso 6, observa esto:

    6 “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,”

    Estas son las implicaciones de la exaltación de Cristo, ÉL TENÍA UNA ELEVADA POSICIÓN. Jesucristo es Dios, “siendo en forma de Dios”, la expresión se refiere a ser igual a Dios en forma, en sustancia, en existencia; la idea es que antes de que Jesucristo se hiciera hombre, en la eternidad pasada, Él preexistía como Dios siendo igual al Padre en todo. Jesús es divino, es Dios. Jesucristo es la Segunda Persona de la Trinidad.

    Esa era su elevada posición, y estando en el peldaño más alto, siendo el Altísimo Dios, la máxima autoridad en el universo, Él decidió dejar su condición para humillarse.

    ¿Cómo fue que Jesús se humilló?

    1.- Lo primero que hizo fue “no aferrarse”. Este es el primer peldaño hacia abajo.

    6bno estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,” 

    Ve la expresión repetitiva“el ser igual a Dios”. Jesús nunca negó ser igual a Dios, Él hacia las cosas que solo Dios podía hacer, Él era Dios hecho hombre.

    Pero no se “aferró a eso”, “no se aferró al trono”, aun teniendo todos los derechos y privilegios de Dios que nunca podrá perder, decidió no aferrarse, decidió hacer a un lado los beneficios sublimes de la gloria para favorecer a pecadores como tú y como yo.

    Muchos pelean títulos, posiciones, condición, nombramientos pero humildad es la capacidad de tomar todo eso para servir a los que consideramos en una condición inferior.

    2.- Lo segundo que hizo en su humillación fue que “se despojo a sí mismo”. Este es el segundo peldaño.

    7 «sino que se despojó(Kenoô) a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;”

    Ve cómo Pablo traza un peldaño más hacia abajo, de lo divino a lo humano. Ten en cuenta algo muy importante, Jesús siendo Dios, en su humillación humana nunca dejó de ser Dios como algunos piensan.

    Kenosis –en el griego es “desprenderse completamente de algo, vaciarse, vano, vacío de contenido”–. Jesús se desprendió, se vació de todo vestigio de superioridad y privilegio, y se negó a hacer valer todo derecho divino para Su propia conveniencia, Él no descendía a la tierra para hacer valer sus derechos sino para hacerlos a un lado en favor de pecadores.

    El Señor no dejó de ser divino, sino que dejó a un lado cientos de aspectos de su carácter divino para cumplir con servidumbre y humildad lo que el Padre le comisionó: salvar a los pecadores a través de su muerte.

    Él se despojó momentáneamente de su gloria celestial, se despojó de su independencia en su autoridad divina, del ejercicio de algunos de sus atributos divinos, de sus riquezas eternas, pero nunca dejó de ser Dios.

    De la misma forma, el creyente no solo debe abandonar sus títulos sino también sus privilegios para ponerlos al servicio a los demás. 

    3.- Lo tercero fue que “tomó forma de siervo”. El tercer peldaño.

    Ve esto: siendo en forma de Dios (igual a Dios, siendo Dios), voluntariamente no solo se hizo hombre sino un hombre en esencia y forma de siervo –que en escritos críticos es “nulos”–. Jesús decidió convertirse en un esclavo.

    Él vivía para el Padre, Él no vino al mundo a hacer lo que quiso sino vino a hacer la voluntad del que lo envió. Él sería el Siervo de Dios que llevaría el pecado del mundo; un hombre natural no podría con semejante carga, tenía que ser el Dios-Hombre, solo el siervo de Dios podría llevar la carga que el Padre le pondría“Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6).

    De la misma forma, quien tiene el Espíritu Santo debe de humillarse para convertirse en esclavo de los demás, no considerando su vida para su propio servicio sino para el servicio de otros.

    4.- Lo cuarto: “hecho semejante a nosotros”. Cuarto peldaño de la humildad.

    7“sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;”

    Jesús no era solo parecido a nosotros sino era realmente humano, era un hombre verdadero, un hombre distinto. Él fue un bebé que estuvo en el vientre de María pero que fue concebido por el Espíritu Santo, no por un hombre. Él es el Hombre-Divino, verdaderamente hombre, verdaderamente Dios.

    Si Dios fue capaz de humillarse de tal manera, nosotros no tenemos ningún argumento para no hacer lo mismo.

    5.- El quinto peldaño: “y estando en la condición de hombre”.

    8 “y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

    Jesús tenía la condición de hombre, esto enfatiza la realidad de su verdadera humanidad. Su familia, los apóstoles, los que lo conocieron en carne nunca negaron la humanidad de Jesús. El profeta Isaías lo había profetizado así:

    Isaías 53:3 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

    3 “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.”

    Para la cultura greco-romana (recordemos que los filipenses tenían ese trasfondo) era imposible que Dios se hiciera hombre, tal cosa era una humillación, lo espiritual no podía interactuar con la carne, lo divino no podía ser humano, pero Jesús es la muestra de que Dios tuvo una disposición humilde para humillarse y hacerse hombre con un propósito. 

    6.- El sexto peldaño que Jesús bajó en Su humillación: “se humilló a sí mismo”.

    8“y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

    Humilló – La palabra en griego es tapeinoô” “rebajarse”. Él decidió descender, Él decidió humillarse, Él decidió rebajarse a sí mismo y no fue forzado, impuesto, obligado; Él se humilló a sí mismo no solo delante de Dios sino delante de los hombres:

    Juan 10:18 Reina-Valera 1960

    18 “Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.”

    Cuando un cristiano se humilla no debe ser por coacción sino por convicción, cualquier acto de humillación que no es de corazón es hipocresía y eso desagrada a Dios. El Espíritu Santo nos lleva a obrar con sinceridad delante de los demás, no es fácil ser humilde si lo hacemos en nuestras propias fuerzas, pero es el Espíritu Santo el que nos lleva a la humildad. 

    7.- Y si esto fuera poco, el Señor sigue un peldaño más hacia abajo, el séptimo, “haciéndose obediente hasta la muerte”.

    8“y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

    Jesús no bajó de vacaciones a la tierra, Él sabía que venía a morir, Él estuvo dispuesto a sufrir la humillación y la degradación de la muerte, esa era la voluntad del Padre.

    Jesús oró al Padre “pasa de mí esta copa” pero sabía que la voluntad del Padre era que tomara la copa de Su ira por los pecados de los hombres, la muerte de Jesús era inminente y necesaria.

    Un creyente debe entender que Dios no lo puso en esta tierra para hacer lo que quiere, lo puso para servir a los demás, para humillarse y en esa actitud encontrar su felicidad:

    Hechos 20:35b

    “Más bienaventurado es dar que recibir.”

    8.- El último escalón en el descenso del Señor, Él fue más abajo “hasta la muerte, y muerte de cruz”.

    8“y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

    Jesús no murió como un hombre justo aunque lo era, no murió en su cama, ni siquiera murió como murió Juan el Bautista con una rápida decapitación, se había profetizado que Jesucristo moriría en una cruz. Era la cruz la forma de ejecución más despiadada de todas, la forma como morían los peores delincuentes. Fue su más grande humillación, ser considerado más digno de la cruz que Barrabás.

    Pero Cristo sabía que la cruz era el único camino para la redención de la humanidad caída, para los hombres era su castigo, pero para Cristo era Su gloria.

    De la misma forma un creyente debe hacer lo que sea necesario para servir con humildad a los demás. Es difícil que se presente la situación en donde tengamos que morir para favorecer a otros, pero en muchas ocaciones he visto a cristianos que prefieren “morirse” antes que humillarse delante de los demás.

    Ahora esto tiene una recompensa celestial:

    9 “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre,

    10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;

    11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”

    Después de la humillación de Cristo vino Su exaltación, Dios lo puso como suma autoridad del universo. Esa escalera de humillación fue hacia abajo, cuando estudiamos la vida de Jesús a través de los evangelios nos damos cuenta que fue así: cada día el Señor descendía más y más pero al ser resucitado Dios Padre lo exaltó y le dio el nombramiento de la máxima autoridad sobre todo, Él es el Señor. 

    Ante los ojos humanos, Jesús descendía en esa escalera pero la realidad es que espiritualmente, cada día de su vida ascendía a su exaltación. Esos 8 escalones realmente no iban hacia abajo sino hacia arriba.

    De la misma forma un creyente antes de ser exaltado debe ser humillado, pero si con convicción espiritual nosotros nos humillamos, Dios a su tiempo nos exaltará:

    Salmos 138:6 Reina-Valera 1960

    6  “Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde,

    Mas al altivo mira de lejos.”

    La humildad no es solo una definición sino el estilo de vida de un verdadero creyente. Pidamos a Dios que en Su Poder nos permita imitar el más grande ejemplo de humildad que los hombres han tenido, el de nuestro Señor Jesucristo.

  • ¿Es lo mismo la Iglesia virtual que la presencial?

    ¿Es lo mismo la Iglesia virtual que la presencial?

    Estamos por cumplir un año desde el inicio de esta pandemia que ha transformado muchos aspectos de nuestra vida. Aunque confiamos en que “todas las cosas ayudan a bien” (Romanos 8:28), también es evidente que algunas consecuencias han afectado seriamente a las congregaciones a nivel mundial.

    En la iglesia donde el Señor me ha permitido servir, he visto frutos buenos en medio de esta crisis. Con gratitud a Dios, he sido testigo del anhelo genuino de muchos hermanos por volver a congregarse. Después de meses sin reuniones presenciales —por obediencia a las autoridades, conforme a Romanos 13:1-2— muchos expresan su sed espiritual, semejante a quien atraviesa un desierto y anhela llegar al oasis. Así los veo: necesitados de comunión, adoración y Palabra en comunidad.

    Sin embargo, también he observado lo contrario. Algunos hermanos han perdido ese anhelo de congregarse. Para ellos, la iglesia virtual parece una opción más conveniente: despertarse más tarde, escuchar la predicación en pijama mientras desayunan, incluso dormitar durante la enseñanza. La Palabra se ha convertido para algunos en un mero complemento de otras actividades cotidianas.

    Muchas iglesias han malinterpretado las circunstancias actuales, invirtiendo todos sus esfuerzos en el aparato tecnológico: transmisiones profesionales, servicios grabados, programación automática, e incluso líderes descansando mientras un video hace el trabajo. Pero el domingo sigue siendo el Día del Señor. No lo podemos trivializar ni delegar a un algoritmo.

    Ahora incluso se puede ofrendar desde la página web, pedir oración, y participar “virtualmente” de todos los aspectos del culto. Algunas congregaciones han pospuesto indefinidamente su reapertura, a pesar de que ya es posible hacerlo bajo protocolos sanitarios. Esto no es adaptación sabia: es una tragedia espiritual.

    Aclaro que no me opongo a que hermanos en situación vulnerable se queden en casa. Al contrario, animo a que quien tenga una razón legítima —enfermedad, contacto con casos positivos, edad avanzada— se cuide. La prudencia también es parte de la sabiduría cristiana. Pero cuando hay quienes no pertenecen a estos grupos, quienes salen diariamente al trabajo, al supermercado, a restaurantes o incluso al cine, y no se congregan, es legítimo cuestionar su compromiso con la iglesia local.

    ¿Acaso congregarse por Facebook o YouTube es igual que estar presente con los hermanos?

    Si no hemos dejado de trabajar porque lo consideramos una obligación, ¿por qué tratamos el congregarnos como una opción? ¿Por qué muchos cristianos priorizan su empleo, pero desatienden la iglesia? ¿Será que no entendemos la centralidad de la reunión dominical en la vida cristiana?

    La respuesta puede variar, pero se resume en una: no comprendemos la importancia ni la singularidad de congregarnos como cuerpo de Cristo.

    Es cierto que las redes sociales han sido una herramienta providencial durante esta crisis. No sabemos cómo habríamos mantenido el contacto sin ellas. Pero hoy (9 de marzo de 2021) muchas iglesias pueden abrir nuevamente, y aún así hay creyentes que siguen en casa por conveniencia, no por necesidad.

    Ser parte de una iglesia local conlleva responsabilidades espirituales: vivir una vida piadosa en comunidad, ejercer los dones para edificación mutua, ofrendar, amonestar con amor, adorar juntos, orar unos por otros. Todo esto es difícil, si no imposible, de realizar desde una pantalla.

    Una iglesia virtual no es una iglesia cristiana en el sentido bíblico. Un pastor virtual no es un pastor real. Un pastor que lo ves por pantalla el domingo y después no lo ves hasta el siguiente fin de semana no es comprensible su ministerio. Un congregante virtual corre el riesgo de no ser parte del cuerpo en absoluto. El compromiso con Cristo se expresa en la comunión real, física, con su cuerpo: la iglesia.

    Estamos en un momento urgente. Si no regresamos pronto a las reuniones presenciales, muchas iglesias podrían extinguirse, y muchos creyentes podrían enfriarse espiritualmente. Sabemos que Dios tiene el control soberano, pero dentro de ese control nos ha dado su Palabra, que nos exhorta:

    «No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.»
    (Hebreos 10:25, RVR60)

    La iglesia es un cuerpo vivo, unido a su Cabeza, que es Cristo. No puede haber cuerpo sin miembros unidos. Pablo lo explica claramente en 1 Corintios 12: el cuerpo sufre si le falta un miembro; cojea, ve mal, se debilita. Así está la iglesia hoy, fragmentada, porque algunos han decidido ser “miembros virtuales”. Pero un miembro aislado no puede vivir: separado del cuerpo, muere; y separado del cuerpo, se separa también de la Cabeza.

    ¿Puede el cuerpo de Cristo funcionar por medio de YouTube o Facebook?

    «Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.»
    «Si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él…»
    (1 Corintios 12:14, 26)

    No somos individualistas conectados a una transmisión, somos una comunidad redimida. Las redes sociales, paradójicamente, más que unir, tienden a aislar.

    La vida de iglesia no se vive en línea. Requiere presencia, participación, contacto, compromiso. Requiere celebrar las ordenanzas y medios de gracia:

    1. Bautismo
    2. Cena del Señor
    3. Enseñanza de la Palabra
    4. Oración comunitaria
    5. Adoración congregacional
    6. Disciplina eclesiástica
    7. Ofrenda
    8. Servicio con dones espirituales
    9. Comunión fraternal
    10. Evangelización
    11. Cuidado pastoral y consejería personal

    Nada de esto se puede suplir completamente a través de una pantalla.

    Lo más triste es que el congregante virtual no experimenta la presencia especial de Dios que se manifiesta cuando su pueblo se reúne. Hebreos 12 contrasta el monte Sinaí —temor y distancia— con el monte Sion, símbolo de la adoración celestial reunida. Cuando nos congregamos, participamos de algo eterno: una asamblea con millares de ángeles, con los santos del pasado, y con Cristo mismo como Mediador.

    «…os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial…»
    (Hebreos 12:22)

    Eso no ocurre en una transmisión en vivo. En casa quizá seguimos distantes, como en el monte Sinaí; pero en la iglesia reunida, estamos en el monte Sion.

    Regresar a congregarse no significa imprudencia, sino obediencia sabia. Si por motivos reales no puedes asistir, Dios te sostendrá. Pero si puedes y no lo haces por temor o comodidad, estás arriesgando tu salud espiritual.

    “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”
    (Mateo 16:26)

    Oro para que el Señor te conceda sabiduría, cuidado prudente y obediencia fiel. Y si Dios lo permite, nos vemos el próximo domingo. Pero recuerda: no es lo mismo sin ti.

    Agrego este apéndice hoy 5 de mayo 2025.

    Conozco a muchos creyentes que, hasta el día de hoy, no han regresado a sus iglesias (gracias a Dios, son los menos en nuestra congregación). Esta situación es verdaderamente triste, pues su prolongada ausencia de la iglesia local evidencia una conversión inexistente o superficial. Oremos para que el Señor los llame a una salvación genuina y los inserte verdaderamente en Su Cuerpo, que es la iglesia.

  • CONSEJO BÍBLICO VS. PSICOLOGÍA MODERNA

    CONSEJO BÍBLICO VS. PSICOLOGÍA MODERNA

    Hoy en día, a raíz de la pandemia, muchos en México se han sumado a la lista de personas que padecen depresión, ansiedad, angustia, desánimo, miedo y tristeza. Esta realidad ha dado paso a una crisis más profunda: una pandemia de salud mental.

    Incluso entre los creyentes, esta oleada de aflicción puede presentarse. No estamos exentos de los problemas de este mundo caído. Sin embargo, confiamos en que el Señor nos guarda del mal, tal como oró nuestro Salvador:

    “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.”
    (Juan 17:15, RVR1960)

    Los cristianos no estamos libres de sufrir en el alma: la depresión, el afán, el desánimo, el temor y la tristeza pueden tocarnos. Pero los que estamos en Cristo enfrentamos estas aflicciones de manera diferente: contamos con la ayuda sobrenatural del Señor, quien nos guarda del mal.

    Al final del Sermón del Monte, Jesús nos dejó una enseñanza crucial:

    “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca…”
    (Mateo 7:24–27, RVR1960)

    Ambos hombres en esta parábola enfrentaron las mismas tormentas —lluvia, ríos y vientos—, que bien podrían representar las crisis emocionales. Sin embargo, el que oyó y obedeció la Palabra permaneció firme.

    Vivimos en un mundo que se desploma como la casa del hombre insensato. Pero los que edificamos sobre la Roca, que es la Palabra de Dios, hallamos seguridad y esperanza.

    Ante la crisis, el creyente necesita consejo. Pero no cualquier consejo, sino el del único y verdadero Consejero: nuestro Señor Jesucristo.

    Uno de sus nombres es “Admirable Consejero”:

    “Porque un niño nos es nacido… y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.”
    (Isaías 9:6, RVR1960)

    El término hebreo “yô-ês” significa asesor, instructor, guía. Un consejero dirige con sabiduría hacia el camino correcto.

    Y es aquí donde notamos una diferencia crucial entre la consejería bíblica y la psicología moderna.

    La psicología contemporánea busca la autorrealización y la felicidad del individuo. Su objetivo es describir, explicar, predecir y modificar el comportamiento humano mediante la psicoterapia, basada en teorías filosóficas y subjetivas. Cada psicólogo opera bajo corrientes distintas, influenciado por su formación y experiencia personal.

    La psicología dirige al hombre hacia sí mismo en busca de respuestas. Pero el alma humana no puede ser restaurada por teorías cambiantes, sino por la Verdad eterna de Dios.

    A diferencia de esto, la consejería bíblica tiene un solo propósito: llevar al hombre a glorificar a Dios. No pretende sanar al margen de Dios, sino centrar la vida del aconsejado en su Creador. Su fundamento no es la técnica terapéutica, sino la suficiencia de las Escrituras.

    “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.”
    (Juan 17:17, RVR1960)

    Mientras la psicología busca la realización personal, la consejería bíblica busca la santidad del creyente, el apartamiento para Dios.

    Por desgracia, dentro de la iglesia se ha infiltrado la idea de que la Palabra de Dios no es suficiente. Algunos proponen una “consejería cristiana sin Biblia” o combinada con psicología. Pero el verdadero cambio no puede ocurrir sin la exposición directa a la Palabra.

    La Biblia transforma. Las teorías cambian; la Verdad permanece.

    La consejería bíblica confronta el pecado, llama al arrepentimiento, responsabiliza al hombre y lo guía por el camino de la santidad. A diferencia de la psicología, que a menudo victimiza al individuo, la Escritura nos muestra nuestra condición real y nos dirige al único que puede restaurar el alma: Dios.

    Incluso si una persona ha sido genuinamente víctima, solo la Palabra puede consolar su corazón y alejarlo de la autocompasión y la autojustificación.

    El rey David nos deja un testimonio poderoso de la suficiencia de la Palabra en Salmo 19:7–9:

    “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma;
    El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.
    Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón;
    El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.
    El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre;
    Los juicios de Jehová son verdad, todos justos.”
    (Salmo 19:7–9, RVR1960)

    Este pasaje declara que la Palabra:

    • Convierte el alma.
    • Hace sabio al sencillo.
    • Alegra el corazón.
    • Ilumina los ojos.
    • Permanece para siempre.
    • Es verdad y justicia absoluta.

    La ley de Dios es perfecta (“tâmîm”), sin defecto, sin desviación. Transforma el alma (“népesh”), el ser interior. Sólo la Palabra, acompañada del poder del Espíritu Santo, puede efectuar este cambio.

    Si un creyente enfrenta ansiedad, depresión o temor, la solución no es elevar su autoestima, sino someterse a la Palabra de Dios y hallar gozo en la obediencia:

    “Bendeciré a Jehová que me aconseja;…
    A Jehová he puesto siempre delante de mí…
    Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma;
    Mi carne también reposará confiadamente.”
    (Salmos 16:7–9, RVR1960)

    El gozo del Señor es el antídoto contra las crisis del alma.

    El temor de Jehová, como sinónimo de su Palabra (Salmo 19:9), es puro y eterno. Sus juicios no tienen error ni corrupción. Por eso, la Biblia es el único consejo verdadero para el alma.

    Finalmente, Pablo advierte a la iglesia en Colosas sobre filosofías humanas:

    “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas… y no según Cristo.”
    (Colosenses 2:8–10, RVR1960)

    Cristo es suficiente. Su Palabra es suficiente. La Biblia es el consejo supremo para el alma del creyente.

  • El verdadero perdón

    El verdadero perdón

    El Señor ha provisto dos medios poderosos para preservar la unidad entre los creyentes frente al embate del pecado: la disciplina eclesiástica y el perdón. Es sobre este segundo medio que deseo hablarte hoy.

    Nuestro Señor, en su sabiduría infinita, sabía que su Iglesia no sería perfecta; el pecado seguiría estando presente aún dentro de ella. Por ello, en sus enseñanzas a los discípulos, reveló la naturaleza del verdadero perdón.

    En Mateo 18 —sección conocida por muchos teólogos como el “Discurso de la vida del creyente”— el Señor responde a la pregunta que el apóstol Pedro le formula sobre el perdón entre hermanos:

    Mateo 18:21 (RVR1960)
    “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?”

    Con sabiduría divina, el Señor aprovecha esta pregunta para instruir a sus discípulos sobre la obligación de perdonar sin límites. Luego, mediante la parábola de los dos deudores, ilustra qué significa perdonar de todo corazón:

    Mateo 18:35 (RVR1960)
    “Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.”

    El Señor establece dos directrices esenciales para entender el perdón bíblico: debe ser constante y debe ser de todo corazón.

    Esto nos lleva a una pregunta crucial: ¿qué significa perdonar “de todo corazón”?

    En las Escrituras, el corazón representa no solo los afectos y emociones, sino también la sabiduría y el conocimiento. Así, el perdón verdadero no se basa únicamente en sentimientos, sino que brota desde lo más profundo del ser, sustentado por una convicción sabia y entendida.

    Decir “lo perdoné de corazón porque lo quiero” puede ser sincero, pero el corazón humano es engañoso (Jeremías 17:9). Por eso, es necesario que el entendimiento y la sabiduría acompañen al sentimiento. El perdón bíblico no es superficial ni meramente emocional; es un acto de obediencia consciente al carácter santo de Dios.

    Lamentablemente, en la mente de muchos creyentes se ha infiltrado un concepto distorsionado del perdón. Piensan que perdonar es simplemente dejar de odiar, de sentir rencor o desear venganza, aunque esto debe de pasar en el verdadero perdón no se esta considerando en nada al ofensor, en tal caso estos sentimientos son pecaminosos en sí mismos pues se centran en la persona agredida solamente y terminan siendo egoístas.

    Perdonar no es dejar de odiar: es mucho más. Por eso, deseo apoyarme en la enseñanza bíblica del pastor y teólogo R.C. Sproul, quien expone con claridad las cinco “R” del perdón, destacando el sonido que las une y su profunda conexión teológica:

    1. Arrepentimiento

    Sproul define el arrepentimiento como:

    “Un dolor piadoso por haber quebrantado la ley de Dios, por haber transgredido la relación con Él y haber dañado nuestras relaciones con los demás. Es un dolor que conlleva el deseo y la determinación de apartarse del pecado.”

    Dios, en su carácter, es verdaderamente perdonador. Cuando alguien se arrepiente sinceramente, Él otorga el único tipo de perdón que existe: el verdadero.

    Éxodo 34:6-7 (RVR1960)
    “¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso… que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado…”

    Proverbios 28:13 (RVR1960)
    “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.”

    Imitar a Dios en esto es esencial: si alguien se arrepiente, debemos perdonarlo. Pero si no hay arrepentimiento genuino, esa persona permanece atada a su pecado (Mateo 18:18) y no podemos ofrecerle el perdón que desata.

    2. Remisión

    Perdonar implica liberar a la otra persona de la deuda moral que ha contraído. Es enviar lejos el pecado, como lo hace Dios:

    Salmos 103:12 (RVR1960)
    “Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.”

    Miqueas 7:19 (RVR1960)
    “Echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.”

    Isaías 6:7 (RVR1960)
    “Es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.”

    Así también debemos nosotros remitir: dejar de tener presente la ofensa, liberando al hermano sinceramente arrepentido.

    3. Restitución

    El perdón verdadero incluye la restauración de la persona al lugar que tenía, con sus derechos y deberes. Tal como el padre del hijo pródigo:

    Lucas 15:22-24 (RVR1960)
    “Sacad el mejor vestido… porque este mi hijo muerto era, y ha revivido…”

    No hay restitución sin arrepentimiento, pero una vez que éste existe, debemos recibir al ofensor con gozo y dignidad.

    4. Reconciliación

    2 Corintios 5:18 (RVR1960)
    “Nos dio el ministerio de la reconciliación.”

    La reconciliación es el restablecimiento del vínculo, la restauración de la comunión. A veces, como en el caso de Pablo y Marcos (cf. Hechos 15:39; 2 Timoteo 4:11), esto toma tiempo, pero es el fruto del perdón genuino.

    5. Restauración

    Salmos 51:12 (RVR1960)
    “Vuélveme el gozo de tu salvación…”

    La restauración es el resultado final: volver al estado original de amor, confianza y comunión. No es suficiente simplemente tolerar al otro: se debe buscar que la relación sane y florezca.

    Conclusión

    Perdonar no es solo dejar de odiar. Eso es parte del mandamiento general de amar incluso a los enemigos. Perdonar es:

    • Remitir la deuda del otro, sin tenerla en cuenta.
    • Restituir al hermano en su dignidad.
    • Reconciliarse con él en la medida de lo posible.
    • Restaurar la comunión como si nada hubiera ocurrido.

    Eso es lo que Cristo hizo contigo. Cuando tú pecaste contra Dios, Él te llevó al arrepentimiento, pagó tu deuda, te reconcilió consigo mismo y restauró tu relación con Él. Todo por Su gracia, cuando tú le pediste perdón.

    El Señor nos llama hoy a ofrecer ese mismo tipo de perdón a quien sinceramente se arrepiente.

    Quisiera poner a tu consideración un concepto importante: el perdón sin arrepentimiento no es viable. En la actualidad, la psicología promueve la idea de perdonar incluso cuando quien ha ofendido no muestra intención alguna de arrepentirse o pedir disculpas. Sin embargo, al observar las Escrituras y el carácter de Dios, notamos que Él nunca otorga perdón al pecador que no se arrepiente.

    Como creyentes llamados a imitar el carácter santo de nuestro Dios, no podemos otorgar perdón a quien no lo solicita. No obstante, algo crucial es que el verdadero cristiano, aun en medio del dolor y la ofensa, no debe albergar amargura en su corazón (Mateo 5:21-26, 38-48). 

    ¿Hay alguien que te ha pedido perdón sinceramente y a quien todavía no has perdonado? No permitas que el pecado destruya lo que Dios quiere preservar. El perdón une; el resentimiento divide y sobre todo nos separa de Dios.

  • ¿QUÉ ES LA PREDICACIÓN EXPOSITIVA?

    ¿QUÉ ES LA PREDICACIÓN EXPOSITIVA?

    Muchos creen que predicar es tomar un versículo de la Biblia, leerlo y después hablar con un corazón sincero lo que en ese momento el Espíritu Santo te inspire. Esa forma de predicar es sumamente peligrosa pues el predicador fácilmente se desvía de los que Dios quizo decir en ese pasaje.

    La iglesia cristiana evangélica pasa por una seria crisis, el predicador busca más que fidelidad escritural exaltar las emociones de los que le escuchan por medio de buenas estrategias de comunicación, buena oratoria, dicción, presencia, abrir su corazón, sinceridad, elocuencia y demás estrategias para predicar un mensaje cristiano.

    En Éxodo cuatro vemos el famoso pasaje del llamamiento de Moisés, en el verso vemos el miedo de Moisés de no ser oido por los los ancianos hebreos y el mismo faraón, su argumento era:

    Éxodo 4:10 Reina-Valera 1960

    10 “Entonces dijo Moisés a Jehová: !!Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua.”

    “Nunca he sido un hombre fácil de palabra” –literalmente “no soy un hombre de palabras”, Moisés consideraba que era un hombre incapaz de expresar sus pensamientos en un discurso fluido y convincente, esa era la apreciación de Moisés acerca de hablar delante del pueblo lo que Dios le había dicho, más esa actitud no era humildad de parte de Moisés sino arrogancia pues el creyó que para hablar la Palabra de Dios es necesario tener habilidades para hablar de parte de Dios. En la cultura egipcia era necesario que para hablar con el pueblo de parte de sus dioses debía de haber elocuencia convincente para cautivar a los oyentes.

    Más para Dios no es importante la habilidad oratoria sino el mensaje del orador, observa:

    Éxodo 4:11-12 Reina-Valera 1960

    11 “Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?

    12 Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.”

    Dios reprende a Moisés, le hace ver que él se esta preocupando por lo menos importante, que el tener habilidades para hablar su Palabra el la dará pues es Dios pero que lo más importante para Él es hablar lo que Él quiere que se diga “y te enseñaré lo que hayas de hablar”.

    Es hablar lo que quiere decir Dios mucho más importante que lo que puede decir un hombre con grandes dotes de oratoria y es aquí donde la predicación expositiva tiene un gran valor delante de Dios.

    Podemos agrupar la predicación en tres tipos: temática, textual y expositiva. Las predicaciones temáticas son las que el predicador tiene un tema y agrupa una serie de versículos que pretender respaldar la idea del mensaje, esto puede ser difícil y peligroso, normalmente el predicador temático tiene una idea, voy a hablar acerca la salvación y busca todos los versículos que hable de la Biblia que tengan la palabra “salvación” para armar su sermón, el gran problema de ello es que no considera muchos aspectos del estudio bíblico para saber si esos versos hablan de lo mismo.

    La predicación textual gira al rededor de un solo texto, el problema es que realmente el texto esta girando al rededor de la idea que el predicador quiere darle al auditorio, aunque no podemos ser enfáticos de que dichas predicaciones son erróneas si podemos asegurar que tienen un riesgo muy grande de desviarse de lo que Dios ya dijo en su Palabra. Estos dos tipos de métodos de predicación no tienen un compromiso serio de estudio, interpretación, entendimiento, reflexión, explicación y aplicación de la Palabra de Dios en un sermón.

    Según el diccionario exposición es un discurso es la elaboración de un mensaje mediante recursos expositivos para ofrecer un mensaje claro aun en los temas más difíciles de explicar. Para lograr eso el predicador debe de ser un fiel escudriñador de las Escrituras.

    La predicación expositiva no es predicar sobre la Biblia sino predicar la Biblia sin alterarla, extrayendo el significado real y fundamental tal como lo expreso el autor original, en su contexto original, bajo el contexto general de la Palabra de Dios y aplicando esa realidad extraída a la vida cotidiana del creyente.

    *Este comentario es para el blog de PA.

    R. Albert Mohlher, Jr. En su libro “Proclame la Verdad” define la predicación expositiva como “el método de la predicación cristiana que tiene el propósito central la presentación y aplicación del texto bíblico”.

    *Este comentario es para el blog de Beraca.

    Fermin IV pastor de la iglesia Semilla de mostaza comenta que “la predicación temática es una buena herramienta y las ilustraciones o la elocuencia un gran complemento, pero no se comparan al arte de desmenuzar un texto en su contexto para que diga lo que originalmente quiso decir a sus lectores originales y traducirlo al entendimiento moderno; y cuando eso se hace de manera ordenada para ir más profundo en el análisis de una carta o libro completo, entonces se potencia la comprensión de los oyentes y eso es lo que propone este libro.”

    En un sentido más sencillo la predicación expositiva es leer el texto de las Escrituras, explicar el texto en su contexto original, ilustrar el texto que se esta exponiendo con otros pasajes de las Escrituras relacionados y aplicar el texto a las necesidades actuales de los que escuchan el texto.

    Este tipo de predicación es apegada a la demanda que Dios le hizo a Moisés de hablar lo que Él quería que hablara.

    *Este comentario es para el blog de Beraca.

    Te invitamos a profundizar es este tema sumamente importante que aborda Fermín IV en su libro “Por qué y cómo predicarles expositivamente a las nuevas generaciones” de venta en Beraca y recuerda que tenemos entrega sin costo en la CDMX.

    *Este contenido es para el blog de PA.

    Aquí te ofrezco un breve estudio de como predicar expositivamente.

    Debes de orar para pedir que el Espíritu Santo te guíe es esta hermosa pero a la vez loable labor.

    a) Debes de escoger un pasaje bíblico. Muchos predican de una forma seriada (yo lo hago) esto es domingo tras domingo predicar un libro completo hasta terminar, esto ayuda sobremanera para evitar interpretaciones erróneas pues va en pro de la unidad de pensamiento verso por verso.

    b) Leer el texto varias veces, si vas a predicar un verso estudiar todo el libro o epístola. Conocer que dice el texto no por tu suposición sino por tu investigación, entender el contexto histórico, literal y gramatical. Debes de entender que dijo el Espíritu Santo a través de el autor humano (ejemplo Pablo, Moisés, Isaías, Lucas, etc.) tu objetivo es saber el que, el porque y el para qué del pasaje que vas a predicar.

    c) Ya que tienes tu estudio es necesario para tu sermón buscar una oración o frase (algunos le llaman proposición exegética) que te ayude a sintetizar en una frase o idea lo que vas a predicar, esto te ayudara a no salirte del objetivo y estructurar una frase que ayude a tu auditorio a entender el propósito del mensaje. Esta proposición debe de surgir del texto.

    Exégesis es extraer, es importante que seas honesto y extraigas el mensaje, entiendas que dice Dios y no metas tus ideas al mensaje eso es Eiségesis esto es introducir tus ideas al texto, esto nunca lo debes de hacer pues terminas siendo subjetivo y alteraras el texto a tu conveniencia, recuerda tu auditorio no quiere oír tu opinión (un auditorio fiel a la Palabra) sino oír la Palabra de Dios.

    b) Debes de ocuparte por descubrir el sentido de lo que Dios demanda a ese auditorio original y trasladar esa enseñanza al auditorio actual, algunos le llaman cruzar el “puente teológico”, pasar de las sandalias hebreas a los tenis o zapatos del cristiano hoy, pero cuidado pues debes de filtrar esa enseñanza por medio de la teología, debes de conocer los pactos bíblicos, las diferencias entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, el propósito de la ley y de la gracia para no cometer el error de pedirles a tu auditorio construir un arca hoy para salvarse o esperar un “nuevo pentecostés” para ser llenos del Espíritu Santo. Debes de estudiar teología, un libro de teología sistemática te ayuda en gran manera.

    c) Ahora necesitas una frase que impacte a tu auditorio, esta debe de surgir de tu primer frase o proposición exegética, esta frase debe de ser lo más sencilla posible para que sea fácil de memorizar a esta frase le llaman frase para el sermón, idea homilética o proposición homilética.

    d) Ahora debes de seguir orando y construir tu sermón. Predique el fin de semana pasado el pasaje de Mateo 16:19:

    19 “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.”

    Donde mi proporción homilética fue: Hoy veremos 2 declaraciones del Señor que nos recuerdan cual es nuestra autoridad para atar y desatar delante del mundo.

    Los 2 puntos que encontré en el texto son:

    1.- Autoridad delegada. (V. 19a).

    2.- Autoridad respaldada. (V. 19b).

    • Para entender la estructura del Sermón te invito a verlo en: liga.

    e) Muchos ponen un énfasis en la “viveza” del predicador, su carisma, más eso no es lo principal, regresando a las palabras que Dios le dijo a Moisés:

    Éxodo 4:11-12 Reina-Valera 1960

    11 “Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?

    12 Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.”

    Moisés debía ocuparse es decir lo que Dios le dijo y Dios se ocuparía de habitarlo para decirlo, no necesitas ser un gran orador sino un expositor fiel de la Palabra de Dios, debemos ser como Moisés, dejar de preocuparnos demás por ser relevantes y enfocarnos por ser fieles.

    Para tener un estudio más profundo del tema te sugiero los siguientes materiales:

    · La predicación. Cómo predicar expositivamente. John MacArthur y facultad del Master´s Seminary. © Grupo Nelson 2009.

    · Proclame la verdad. R. Albert Mohler, Jr. © Portavoz 2018.

    · Hermenéutica. Entendiendo la Palabra de Dios. J. Scott Duvall, J. Daniel Hays. © Editorial Clie 2001.

     

  • ¿Los cristianos deben sufrir?

    ¿Los cristianos deben sufrir?

    En estos tiempos tan difíciles, muchos creyentes se han sentido desilusionados por los mensajes que, desde los púlpitos, han prometido una vida cristiana exenta de dolor. Se ha predicado que al cristiano todo le va bien, que el Señor no permitirá que su pueblo sufra, que enfermedades, pruebas económicas y sufrimientos no forman parte del propósito divino. Sin embargo, la realidad golpea con fuerza: hermanos enfermos, sin empleo, enfrentando la muerte o grandes carencias. ¿Quién ha mentido?, ¿quién ha dicho esa falsedad acerca de una prosperidad garantizada para los creyentes? ¿Dios o los hombres?

    La respuesta es clara: fueron los hombres. Dios no miente. Pero los hombres que se apartan de la verdad bíblica sí lo hacen.

    Jesús siempre fue honesto. Él es Dios y nunca alteró la voluntad del Padre. Fue el único ser humano que habló con total verdad. En el evangelio de Mateo encontramos un pasaje que revela con claridad la realidad del sufrimiento dentro del plan divino:

    Mateo 16:21-23 (RVR1960)
    Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.
    Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.
    Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

    Este es el primer momento en Mateo donde el Señor revela abiertamente que le era necesario —es decir, obligatorio según el plan del Padre— padecer y morir, para luego resucitar al tercer día. Ya antes había insinuado su muerte (Mateo 12:39), pero aquí lo declara con claridad. Jesús entendía el propósito del Padre: mediante su sufrimiento en la cruz, muchos recibirían la mayor de las bendiciones: la vida eterna.

    Pero Pedro no compartía ese pensamiento divino. Le parecía inconcebible que el Mesías, el Hijo del Dios viviente, tuviera que morir. Para él, eso era una contradicción. ¿Cómo podría sufrir quien tiene una relación única con el Padre?

    Aquí se presentan dos visiones opuestas. Jesús ve el sufrimiento como necesario, como el camino hacia la redención. Pedro, en cambio, con un pensamiento humano, lo rechaza. Por eso Jesús lo reprende con firmeza, incluso llamándolo “Satanás”, pues sus palabras se oponían directamente a la voluntad de Dios.

    Muchos creyentes hoy piensan como Pedro: creen que el sufrimiento no puede estar dentro del plan de Dios. Recuerdo que cuando prediqué sobre esta verdad bíblica, algunos hermanos se incomodaron. Pero ¿cómo superar este pensamiento tan arraigado y contrario al propósito divino? La respuesta la encontramos en el mismo Pedro. Con una mayor comprensión del ministerio de Cristo, él llegó a entender que el sufrimiento era necesario para que hubiera resurrección:

    2 Pedro 1:3-5 (RVR1960)
    Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia…

    Más adelante, Pedro incluso afirma que los creyentes deben estar dispuestos a sufrir, si así lo quiere la voluntad de Dios:

    1 Pedro 3:17-18 (RVR1960)
    Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.
    Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios…

    Cristo sufrió para librarnos del pecado. De igual manera, nosotros, como creyentes, debemos estar dispuestos a sufrir haciendo el bien, llevando el evangelio en un mundo caído.

    El sufrimiento, aunque resultado del pecado en el mundo, es usado por Dios con un propósito santo: perfeccionar a los que lo aman. No es Dios quien lo origina (Santiago 1:13), pero en su soberanía lo utiliza para hacernos semejantes a Cristo:

    Romanos 8:28-29 (RVR1960)
    Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien…

    Todo —lo bueno y lo aparentemente malo— coopera para el bien de los que aman a Dios. Este bien es ser conformados a la imagen de su Hijo. En el sufrimiento por causa de Cristo es cuando más nos parecemos a Él.

    Predicar que el sufrimiento no forma parte de la vida cristiana es antibíblico. Es fomentar en el creyente una teología superficial e inmadura. El sufrimiento, según Santiago, produce madurez espiritual:

    Santiago 1:2-5 (RVR1960)
    Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia…

    El creyente que niega el propósito de Dios en el sufrimiento piensa como Pedro cuando “ponía la mira en las cosas de los hombres”. Es comprensible preguntarnos dónde está Dios en medio de los días difíciles, o por qué nos suceden cosas dolorosas a pesar de seguirle. Pero la respuesta es clara: Dios es soberano. No te ha abandonado, te está madurando. Eso es lo que significa parecerse cada día más a Jesús.

  • ¿CUÁL ES LA MÁS GRANDE RESPONSABILIDAD DE TODO SER HUMANO?

    ¿CUÁL ES LA MÁS GRANDE RESPONSABILIDAD DE TODO SER HUMANO?

    Muchas veces he escuchado que la más grande responsabilidad de un ser humano es ser feliz, los que son más profundos dicen que no es ser feliz sino hacer feliz a otros y eso te hará feliz, esto se oye muy bien pero no deja de ser conceptos humanos y no espirituales.

    Para todo ser humano su más grande responsabilidad en su vida es vivir para la gloria de su Creador, Dios nos creo para Su gloria ese es el motivo de nuestro existir. La Palabra de Dios en el libro del profeta Isaías nos hace ver esta tremenda verdad:

    Isaías 43:7 Reina-Valera 1960

    7 “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.”

    Dios es el Creador y todo es creado por Él, nosotros fuimos creados no para ser felices sino para vivir para Su gloria, fuimos hechos para glorificarlo sobre todas las cosas.

    Quizás si estas leyendo este articulo te preguntes ¿Cómo puedo darle gloria a Dios y así cumplir con el propósito por el cual Dios me creó?

    Lo primero que debemos saber es qué es la gloria de Dios.

    La gloria de Dios es el cumulo, el peso de Sus atributos divinos, ellos expresan la Su belleza espiritual. No se refiere a una belleza estética o material, sino a la belleza que emana de Su carácter divino que expresa todo lo que Él es.

    Dios nos creo para contemplar, admirar y reconocer Su gloria entonces ¿Qué es dar gloria de Dios? Es ante todo reconocer su su carácter, Su grandeza, Su majestad, Su omnipotencia, Su omnisciencia, Su soberanía, Su amor, Su misericordia, Su inmutabilidad y un sin fin de características que expresan Su carácter perfecto, es reconocer por lo menos uno de esos atributos y admirarlo. La “gloria” divina es, según la etimología de la palabra en hebreo su Kabod, en el griego su Doxa, esto es su “peso”, lo que Dios es en Su esencia es la realidad divina de Dios en sí misma, su intimidad.

    La gloria de Dios debe ser reconocida por el hombre, en el Salmo 115 el salmista reconoce que el reconocimiento no es para el hombre sino para Dios:

    Salmos 115:1 Reina-Valera 1960

    “No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros,

        Sino a tu nombre da gloria,

        Por tu misericordia, por tu verdad.”

    En la misma expresión el salmista dice el porque de ese reconocimiento “por tu misericordia, por tu verdad” aquí están dos atributos perfectos de Dios “Su misericordia y Su verdad” por estos dos es suficiente para que el autor del salmo diga que sea Dios reconocido y no el hombre pues el hombre es el que recibe la misericordia del Dios verdadero, por ello no al hombre imperfecto sea la gloria sino al Dios verdadero sea la gloria.

    En nuestra vida cotidiana debemos darle gloria a Dios en todo, un verdadero cristiano vive para ello, a través de una vida santa debe de reconocer que si vive de forma piadosa es por que Cristo cambio su vida, dar el crédito al Espíritu Santo que lo guía todos los días y a Dios que con su gran misericordia y poder hace que la vida de ese cristiano brille.

    Si un día alguien reconoce virtud en ti, admiran los cambios en tu vida, en tu forma de ser, de hablar, los cambios en tus relaciones, tu familia y demás tu debes de decir que es por la gracia, la misericordia, el poder de Dios y demás características atribuibles al Señor que tu cambiaste, el decir “gloria a Dios” es decir “por mi no lo hubiera hecho, pero por el poder de Dios, su gracia y misericordia he cambiado, sea la gloria a Dios y no a mi”, hacer lo contrario decir “gracias por decírmelo, la verdad es que me esfuerzo por ser mejor” es robarle la gloria a Dios, esto es meterse en un gran problema pues Dios dijo que no compartiría Su gloria con nadie:

    Isaías 42:8 Reina-Valera 1960

    8 “Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.”

    El Nuevo Testamento registra la historia de un hombre que le robo la gloria a Dios, este hombre es Herodes Agripa I, fue el nieto de Herodes el Grande, este hombre permitió que el pueblo le diera gloria a él y no a Dios:

    Hechos 12:21-23 Reina-Valera 1960

    21 “Y un día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y les arengó.

    22 Y el pueblo aclamaba gritando: !!Voz de Dios, y no de hombre!

    23 Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos.”

    Según el historiador Josefo Herodes se vistió de ropas hechas totalmente de plata para dar su discurso militar al pueblo, era de mañana, Herodes entra a un anfiteatro que fue construido por su abuelo Herodes el Grande y sus ropas se iluminaron con los rayos del sol, él brillaba con un brillo sorprendente. Al ver el pueblo tal esplendor el pueblo clamo a gran voz con tan grande blasfemia “ !!Voz de Dios, y no de hombre” a lo cual Herodes no respondió ni rechazó tales halagos. Dios de inmediato ejecuto su juicio en contra de ese hombre, su castigo fue horrible por atreverse a no darle gloria a Dios, según Josefo Herodes sobrevivió por 5 días en medio de un terrible dolor, su muerte fue vergonzosa devorado por gusanos. Dios lo castigo por no darle la gloria, tal como Herodes todo aquel que no le dé gloria a Su Creador o se la robe será condenado por su rebeldía.

    Es por eso que debemos de estudiar a nuestro Dios, descubrir su carácter Santo a través de Su Palabra, esto nos ayudara a reconocer sus atributos perfectos, su gloria que cubre toda la creación y reconocer el peso de la gloria de Dios:

    Salmos 19:1 Reina-Valera 1960

    19 

    “Los cielos cuentan la gloria de Dios,

        Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”

    Por último darle gloria a Dios nos da felicidad, es una de las consecuencias  de vivir para su gloria, observa lo que dice el rey David:

    Salmos 16:7-9 Reina-Valera 1960

    7 “Bendeciré a Jehová que me aconseja;

    Aun en las noches me enseña mi conciencia.

    8 A Jehová he puesto siempre delante de mí;

    Porque está a mi diestra, no seré conmovido.

    9 Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma;

    Mi carne también reposará confiadamente;”

    David reconoció a Dios en todos sus caminos, le dio la gloria y por consecuencia vino la alegría, el gozo y el reposo a su vida. Si no eres feliz revisa en tu vida estas dandole la gloria a Dios.

    Esfuérzate en tu responsabilidad principal de conocer a Dios y darle gloria y Él en su infinito amor te llenara de felicidad.